El israelita Samuel, en el famoso
proceso iniciado el año de 1475 contra los judíos de la ciudad de Trento,
afirmó que, al empezar a extenderse por todo el mundo la Religión cristiana,
los rabinos de Babilonia y sus contornos tuvieron junta para tratar de los
medios más conducentes a dar estabilidad a la Sinagoga, cuarteada y próxima a
derrumbarse con la dispersión general de los miembros de su secta.
Por consejo de los más sabios,
decidióse que debían sacrificarse por Pascua un niño cristiano. La sangre de
esta víctima, inmolada como Jesucristo, debía mezclarse con los acostumbrados
manjares de la cena. Declararon dicho rito obligatorio, y como tal lo
consignaron en el Talmud de Babilonia. Los judíos de Occidente, por temor a la
justicia, no dejaron escrito este rito, pero transmitíanlo a sus hijos
verbalmente.
¿Puede darse tormento más atroz
que la crucifixión, para los delicados miembros de un niño de corta edad? Pues
con este cruel suplicio, martirizaron a innumerables infantes cristianos, entre
ellos a Santo Dominguito de Val, gloria de Zaragoza y de España.
En 1240, Dios bendijo la unión de
Sancho del Val, notario de la ciudad, e Isabel Sancho con la llegada de su hijo
Dominguito. Los padres se desvelaban para criar al niño en la piedad y santo
temor del Señor. Y así, Dominguito fue un piadoso monaguillo que asistía a
diario a los cultos además de participar con otros niños en el coro.
El 31 de agosto de 1250, cuando Dominguito iba de camino de la Catedral a su casa, fue engañado por un judío
llamado Albayuceto quien lo condujo hacia la judería de la ciudad. Una vez
llegados a una casa, un grupo de otros judíos les estaban esperando y
comenzaron a torturar al pobre niño, al que clavaron en una cruz y le
infringieron heridas hasta causarle la muerte.
Tras el crimen del inocente niño,
los judíos procuraron hacer desaparecer el cuerpo. Le cortaron la cabeza y los
pies, que lanzaron al pozo que tenían en la casa, mientras que el resto del
cuerpo lo enterraron en la orilla del Ebro, muy cerca del actual pozo de San
Lázaro junto al Puente de Piedra. Mientras, la ciudad se volvía loca buscando
al niño desaparecido hasta que un día dos pescadores que estaban en el río
vieron cómo un fuerte rayo de sol descendía de los cielos y comenzó a iluminar
un punto concreto de la orilla. Los pescadores acudieron allí y empezaron a
cavar hasta que encontraron los restos de Dominguito. Se revelaba el misterio
de qué había sido del niño, siendo una señal divina la que mostró dónde se
encontraba su cuerpo.
Dominguito de Val fue canonizado
el 9 de Julio de 1808 por el Papa Pío VII, siendo hoy en día Patrón de los
infanticos (niños cantores de la Catedral de Zaragoza) y sus restos fueron
enterrados en la misma Catedral donde acolitaba, en una magnífica capilla
dedicada a él.





















