miércoles, agosto 20, 2025

Santa Juana Francisca de Chantal, 21 de agosto (una despedida sobrenatural con su tutor)

 


Lamentablemente —o quizá, providencialmente— esta fiel discípula no había tenido la oportunidad de ver a san Francisco de Sales, su tutor, su confesor, su guía,  en el momento de su muerte, de oír un consejo que pudiera transmitir a sus hijas espirituales, de recibir una última mirada del guía que la dejaba para siempre… Estos dos grandes santos que, juntos, marcaron la historia con su piadosa confraternidad, se separaron sin despedidas. ¿Por qué? Para purificar su afecto en el fuego de la confianza y hacerlo semejante al sublime amor que envuelve a la Trinidad Beatísima.

Arrodillada ante el cuerpo inerte del obispo de Ginebra, Santa Juana suspira en su interior por un postrer gesto de paternidad. En determinado momento, le coge reverentemente la mano y la pone sobre su cabeza y, para sorpresa y asombro de las religiosas que asisten a la escena, él restituye inmediatamente esa manifestación de estima con la dulzura que tanto lo había caracterizado en vida, ¡acariciándola durante unos instantes!

Este hecho milagroso —que algunos afirman que ocurrió antes del entierro de San Francisco de Sales, en enero de 1623, y otros lo sitúan en agosto de 1632, cuando fueron exhumados los restos del santo prelado y lo encontraron incorrupto—, ilustra la intensidad del amor que unió a los dos santos en la tierra, hasta el punto de sobrepasar los límites de la eternidad.



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