Cuando llega la enfermedad, ¡ah! ¡Qué costosa es la virtud de la paciencia! Pues este es el tiempo más precioso de la vida, durante el cual el alma cristiana se enriquece con una cosecha de beneficios para el Cielo.
Descuidamos la penitencia voluntaria por nuestros pecados, y
Dios, en su Misericordia, nos envía la enfermedad para purificarnos y hacernos
experimentar, incluso ahora, un poco del fuego expiatorio del Purgatorio. Con
un poco de sufrimiento, pagamos aquí gran parte de la deuda que hemos contraído
con la Justicia Divina. ¡Feliz el que sabe sufrir con paciencia, pues acumula
riquezas para el Cielo!
La perfección consiste en hacer la voluntad de Dios, y esto
se logra mediante la oración, la asistencia a la Santa Misa, las obras de
caridad o la crucifixión, sufriendo en un lecho de dolor. Un solo acto de
conformidad con la Santísima Voluntad de Dios vale más, en la enfermedad, para
gloria de Dios, que mil obras en la salud. Tal es la doctrina de los santos,
cuya experiencia ha demostrado el valor y la fecundidad del sufrimiento en la
Iglesia. Durante su última enfermedad, san Gerardo Majella mandó escribir lo
siguiente en la puerta de su celda:
¡Aquí se hace la voluntad de Dios!
Y el santo dijo sonriendo:
Creo que mi lecho es para mí la Voluntad de Dios. Esta Santa
Voluntad y la mía se unen aquí.
Cuando el médico le preguntó si prefería la vida o la
muerte, dijo:
"No quiero vivir ni morir, ¡quiero lo que Dios
quiere!"
¡Sublime respuesta! Le pedí a Nuestro Señor que te
concediera la conformidad con Su Santísima Voluntad.
Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Pensamientos para cada día del año. Imprenta “Ave- Marria”,1936
///////////////////////////////////////////////////////////////////////////
Quando vem a doença, ah! Como custa a virtude da paciência!
Pois é esse o tempo mais precioso da vida durante o qual se enriquece a alma
cristã com a colheita de benefícios para o Céu. Descuidamo-nos de fazer
penitência voluntária pelos nossos pecados, e Deus, na Sua Misericórdia,
envia-nos a doença para purificar-nos e nos fazer experimentar, desde já, um
pouco do fogo expiatório do Purgatório. Com pequeno sofrimento pagamos aqui uma
grande parte da dívida que contraímos com a Divina Justiça. Feliz o que sabe
sofrer com paciência, pois amontoa riquezas para o Céu!
A perfeição consiste em fazer a Vontade de Deus, e esta
tanto se faz com a oração, assistindo à Santa Missa, com as obras de caridade,
ou retido, crucificado, a padecer, num leito de dores. Um só ato de
conformidade, com a Santíssima Vontade de Deus vale mais, na doença, para a
glória de Deus, do que mil trabalhos na saúde. Tal é a doutrina dos santos,
havendo a experiência comprovado o valor e a fecundidade do sofrimento na
Igreja. Durante a última doença de Santo Geraldo Magela, mandou ele escrever o seguinte
na porta da sua cela:
“Aqui se faz a Vontade de Deus!”
E o santo dizia, sorrindo:
“Penso que meu leito é para mim a Vontade de Deus. Esta
Santa Vontade e a minha se unem aqui.”
Perguntando-lhe o médico se preferia a vida ou a morte,
disse:
“Não quero viver nem morrer, quero o que Deus quer!”
Sublime resposta! Pedi a Nosso Senhor que vos dê a
conformidade com a Sua Santíssima Vontade.




