miércoles, agosto 05, 2026

Transfiguracion de NSJC, 6 de agosto

En este día celebra la Santa Iglesia el misterio altísimo de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. 


Había avisado el Salvador a sus discípulos que padecería mucho en Jerusalén de los escribas y príncipes de los sacerdotes, y que moriría en sus manes y que después de muerto había de resucitar. Y para que cuando le viesen morir no se escandalizasen y entendiesen que era Señor de la vida y de la muerte, quiso el divino Redentor transfigurarse y darles una como muestra de la bienaventuranza que habían de alcanzar. Para esto tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan su hermano, los cuales habían de presenciar más de cerca los dolores de su pasión, y los llevó al monte Tabor. Habiéndose puesto allí en oración, se transfiguró delante de aquellos discípulos, y vieron su rostro resplandeciente y glorioso, y todo el cuerpo más claro que el mismo sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve. Vieron juntamente a Moisés y a Elias que estaban a sus lados y le tenían en medio, hablando con El de la pasión y muerte que para cumplir las profecías había de padecer en Jerusalén. Y al haber el Salvador mostrándose glorioso con aquella nueva claridad en el monte, llaman los evangelistas transfigurarse, porque, aunque no tomó otra forma ni figura, pero alteró la que antes tenía, dándole aquel nuevo resplandor y maravillosa claridad.

Reflexión: Siendo la gloria de Cristo el galardón de nuestras buenas obras y padecimientos, vivamos en este valle de lágrimas de tal suerte que merezcamos verle en el monte alto del cielo, no transfigurado, como le vieron los tres apóstoles en el monte Tabor, sino como Él es, y como es glorificador y remunerador de todos sus escogidos, donde como se dice en la Escritura, no hay llantos ni gemidos ni dolores, ni trabajo alguno, sino que todo es júbilo y gloria y felicidad cumplida y eterna.

Oración: Oh Dios que en la gloriosa Transfiguración de tu unigénito Hijo con la autoridad de los profetas confirmaste los ocultos misterios de la fe, y con la voz salida de una resplandeciente nube, admirablemente nos diste a conocer la perfecta adopción de hijos; concédenos la gracia de ser coherederos del Rey de la gloria y la participación de su misma bienaventuranza. Por Jesucristo, tu mismo Hijo y nuestro Señor. Amén.


jueves, junio 18, 2026

Meditación: La alegría del espíritu



A excepción del pecado, no hay mal mayor que la tristeza, dice San Francisco de Sales. Algunas personas para tener una vida recogida llevan a una vida melancólica. ¡Error grande! El recogimiento nace del espíritu y del amor de Dios, la melancolía del espíritu de Tinieblas.

Conservad firmemente el gran principio de San Francisco de sales, a saber: que todo pensamiento que inquieta jamás proviene de Dios, que es rey de paz y habita en los corazones pacíficos.

Es preciso, por tanto, tomarse alguna recreación de otra suerte, el espíritu queda oprimido y por lo mismo, más fácil la entristecerse. Por otra parte, dice Santo Tomás, que la fuga de toda honesta diversión puede hacer culpable a la persona. La virtud se halla en el orden; y todo exceso, oponiéndose al orden, ultraja la virtud.

La recreación en medio de nuestras ocupaciones ha de ser como la sal en la comida. Demasiada sal vuelve desabrida la comida; nada de ella la deja insípida en extremo.

No debe señalarse igual cantidad de comida a todas las personas, porque algunas necesitan más alimentos que otras; así también sucede en la recreación. Divertidos, pues a proporción de la necesidad de vuestro espíritu, de la calidad de vuestras ocupaciones y de vuestro más o menos melancólico humor.

Luego que observareis que la melancolía entra en vuestro corazón, la distraeréis ocupandoos en objetos contrario, buscando compañía, aunque sea con vuestros domésticos, leyendo cosas indiferentes, paseando, cantando, haciendo todo para impedir la entrada a enemigo tan terrible. El pensamiento melancólico es como el sonido de la trompeta enemiga que convida a los demonios para combatirlos.

Tomado de: Documentos. Para tranquilizar a las almas timoratas en sus dudas

Escrito en italiano por el Padre Carlos José  Quadrupani

Traducido por el P. Fr. Bernardo Cavalle, Madrid 1886

 

 

 

 


miércoles, junio 17, 2026

Las jaculatorias, el secreto para orar en todo momento

 La voz “jaculatoria” proviene del latín "Jaculari" y es un verbo que significa "lanzar" o "arrojar", y es la raíz etimológica de la palabra jaculatoria.



Los habitantes de la antigua Roma utilizaban la raíz de lo que hoy es nuestra palabra “jaculatoria” para denominar el dardo, la flecha o cualquier otro objeto que tuviera como finalidad el ser lanzado con fuerza a la distancia.

Su actual significado guarda una estrecha relación con el sentido originario porque hoy utilizamos esa voz para referirnos a las cortas exclamaciones o plegarias que el amor y la confianza del cristiano le envía, como pequeñas flechas o saetas, al Señor, a la Santísima Virgen o a los Santos. “La jaculatoria, como la flecha o el dardo, es rápida. Como la flecha y el dardo pretende entrar en lo más profundo de Aquel a quien la dirigimos”.

Jesús nos pidió que velásemos orando en todo tiempo (Lc. 21, 36). Él nos dio a entender cuan insistentes debemos ser en la oración cuando nos relató la parábola del juez injusto y de la viuda (Lc. 18, 1-8). Los primeros cristianos siguieron este mandato pues perseveraban en la oración continuamente (Hch. 2, 42). San Pablo, por su parte, nos pide orar sin cesar (1 Tes. 5, 17), “perseverar en la oración” (Col. 4,2), estar “orando en todo tiempo en el Espíritu con toda clase de oraciones y súplicas” (Ef. 6, 18), y ser “constantes en la oración” (Rm. 12,12).

Si las jaculatorias nos ayudan a orar sin cesar, en todo momento por lo tanto nos ayudan también a mantenernos en la presencia de Dios en todo momento

Características principales

·     Brevedad: Se pueden recitar en una sola respiración, mientras realizas cualquier actividad cotidiana.

·    Intención: Buscan pedir ayuda, alabar, dar gracias o mantener el alma unida a la fe sin necesidad de un rezo largo.

·       Indulgencias: Tienen indulgencias parciales aplicables a las almas del purgatorio

·       Jaculatorias e indulgencias:

1. Jesús manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. 300 días de inguldecia cada vez. San Pío X, 1905.

2. ¡Oh, dulcísimo Jesús! No seas mi Juez, sino mi Salvador. 50 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1853.

3. Jesús, María y José, que mi alma expire con vosotros en paz. 100 días de indulgencia, Pío VII.

4. Corazón de mi amable Salvador, haz que crezca y arda siempre en mi tu amor. 300 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1876.

5. Dulce corazón de mi Jesús, haz que te ame siempre más y más. 300 días de indulgencia.

6. Invocando los nombres: “Jesús, María y José” 7 años de indulgencia y otras tantas cuarentenas cada vez y plenaria al mes. San Pío X, 1906

7. Señor, consérvanos la fe. 100 días de indulgencia cada vez, San Pío X, 20 de marzo de 1908.

8. Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros tu Reino. 300 días de indulgencia cada vez, San Pío X, 1906.

9. Corazón Eucarístico de Jesús, dulce compañero de nuestro destierro. 200 días de indulgencia cada vez, León XIII, 1899.

10. Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía. 300 días de indulgencia cada vez; plenaria al mes, Pío IX, 1852.

11. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío300 días de indulgencia cada vez; plenaria al mes, San Pío X, 1906.

12. María, esperanza nuestra, ten piedad de nosotros. 300 días de indulgencia, San Pío X, 1906

13. Todo por Ti, Corazón Sacratísimo de Jesús. 300 días de indulgencia cada vez; además plenaria los doce sábados que preceden a la fiesta de la Inmaculada Concepción.

14. Repite con frecuencia: “Jesús, Maestro adorable”. 200 días de indulgencia cada vez, León XIII, 1899

15. Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, ruega por nosotros. 300 días de indulgencia, San Pío X, 1905.

16. Corazón de Jesús, encendido por nuestro amor, inflama mi corazón con tu amor. 100 días de indulgencia, León XIII, 1893.

17. Corazón Eucarístico de mi Dios. 200 días de indulgencia cada vez, León XIII, 1899.

18. Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de mi. 100 días de indulgencia cada vez, Pío IX.

19. Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros. 100 días de indulgencia cada vez, Pío IX

20. Invoca con frecuencia los nombres de: “Jesús y María”. 300 días de indulgencia, Pío X, 1904.

21 Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros. Tres veces después de la Santa Misa, siete años de indulgencia. San Pío X, 1904

22. Sea por siempre bendita y alabada la Santa e Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios. 300 días de indulgencia cada vez.

23. ¡Oh, dulcísimo Jesús! No seas mi Juez, sino mi Salvador. 50 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1853.

24. Jesús, María y José, que mi alma expire con vosotros en paz. 100 días de indulgencia, Pío VII.

25. Corazón de mi amable Salvador, haz que crezca y arda siempre en mi tu amor300 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1876.

26. Dulce corazón de mi Jesús, haz que te ame siempre más y  más. 300 días de indulgencia.

27. Jesús, María, os amo, salvad las almas. El mismo Jesús enseñó a Sor M. Consolata Bertrone este acto de amor sencillísimo, prometiéndole que cada Acto de Amor salvaría el alma de un pecador y que repararía mil blasfemias.  


martes, junio 16, 2026

Meditaciones diarias: Tu hermano resucitará (Castellano y Portugués), 17 de junio

Cuando Marta oyó que Jesús venía, salió a su encuentro. María, en cambio, se quedó en casa. Entonces Marta le dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto; pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le respondió: «Tu hermano resucitará». (1)



¿Por qué María permanece sentada en casa, según el evangelista, mientras que Marta sale angustiada al encuentro de Jesús y explica por qué llora y sufre? María es el modelo de las almas abandonadas a la santísima voluntad de Dios. Espera con calma y serenidad la llegada del Maestro. Lázaro murió. Su amado hermano partió a la vida eterna, dejándola anhelante y triste —es cierto— pero resignada y confiada. En los golpes de la vida, imitemos la serena y dulce resignación de María. Marta es la oración de las almas afligidas. María, la oración de abandono y confianza. Ambas complacen a Nuestro Señor y son escuchadas. Sin embargo, la oración de María es más perfecta y más hermosa.

En las aflicciones de la vida, acudamos a Jesús con prontitud y confianza, como lo hicieron las hermanas de Lázaro. Ya sea corriendo a su encuentro, suplicando y llorando, o en el silencio de un acto de conformidad con la santísima voluntad de Dios . Unamos, en nuestras aflicciones, la ferviente oración de Marta a la serena resignación y la dulce confianza de María, porque ambas merecieron la resurrección de Lázaro.

"¡Tu hermano resucitará!"

Nótese que María permanece sentada en casa, pero cuando llega el Señor, se levanta rápidamente, según el Evangelio, y corre a su encuentro. Espera, va a su encuentro. Siempre entrega, pero también siempre esfuerzo, diligencia al correr al encuentro del Maestro. La entrega no exime del esfuerzo.

Referencias:

(1) Juan 11:1-44

Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Reflexiones para cada día del año. Imprenta “Ave-Maria”, 1936

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“Teu irmão há de Ressuscitar”

“Ora, Marta, tanto que ouviu que vinha Jesus saiu a recebê-lO. Maria, porém, ficara sentada em casa. Disse então Marta a Jesus: Senhor, se tivesses estado aqui, meu irmão não teria morrido; mas também agora sei que tudo o que pedires a Deus, Deus te concederá. Respondeu-lhe Jesus: Teu irmão há de ressuscitar.” (1)

Por que Maria fica sentada em casa, no dizer do Evangelista e Marta sai, aflita, ao encontro de Jesus e lhe expõe a razão por que chora, por que sofre? Maria é o modelo das almas abandonadas à vontade santíssima de Deus. Espera, calma, em paz, que o Mestre venha. Lázaro morreu. O irmão querido partiu para a vida eterna, deixando-a saudosa e triste – é verdade – mas resignada e confiante. Nos golpes da vida, imitai a calma e doce resignação de Maria. Marta é a prece das almas aflitas. Maria, a oração do abandono e da confiança. Ambas agradam a Nosso Senhor e são ouvidas. No entanto, a oração de Maria é mais perfeita e mais bela.

Nas aflições da vida, vamos a Jesus, depressa e confiantes como o fizeram as irmãs de Lázaro. Ou correndo ao encontro de Jesus, suplicante e em pranto, ou no silêncio de um ato de conformidade à Vontade santíssima de Deus. Juntemos, nas aflições, a oração fervorosa de Marta à calma resignação e a doce confiança de Maria, porque ambas mereceram a ressurreição de Lázaro.

“Teu irmão há de ressuscitar!”

Notai que Maria fica sentada em casa, mas quando chega o Senhor, levanta-se depressa, diz o Evangelho e corre ao encontro de Jesus. Espera, vai ao encontro de Jesus. Sempre o abandono, mas também sempre o esforço, a diligência em correr ao encontro do Mestre. O abandono não dispensa o esforço.

Referências:

(1) São João 11,1-44

Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Reflexiones para cada día del año. Imprenta “Ave-Maria”, 1936

martes, junio 09, 2026

Si Dios se preocupa de nosotros, ¿por qué hay diferencia de condiciones? (narración del padre Carlos Ignacio en portugues, traduccion del blog )


Si Dios se preocupa por nosotros, ¿por qué la diferencia de condiciones? ¿por qué hay ricos y hay pobres? La desigualdad de condiciones surge necesariamente de la desigualdad de aptitudes, de cualidades físicas, intelectuales y morales de los hombres. Dios no debe a cada uno de nosotros más que los medios necesarios para lograr nuestro fin, y no está obligado a dar a todos los mismos dones de fuerza, inteligencia, etc. Además, esta desigualdad participa en la armonía del universo y se convierte en fuente de las virtudes más bellas y de un vínculo de unión entre los hombres. La desigualdad de condiciones suele deberse al hombre que a Dios. Es el resultado de la actividad de unos y la negligencia de otros. Esta desigualdad también entra en el plan Divino, porque es necesaria para la sociedad humana. Si todos los hombres fueran ricos, nadie querría trabajar la Tierra. Si todos fueran pobres, nadie podría dedicarse a las artes, a las ciencias, la industria, etc. Por lo tanto, es necesario que haya ricos y pobres.

La desigualdad de condiciones manifiesta las cualidades más bellas del hombre. Es hermoso ver a los ricos despojarse de sus pertenencias para ayudar a los pobres, como es hermoso también ver a los pobres soportar privaciones con paciencia y resignación a la voluntad de Dios. Por eso la desigualdad participa en la armonía del universo. Acerca a cos ricos a los pobres, a los débiles a los poderosos, y por las bellas virtudes de la Caridad, la bondad y la gratitud, establece entre ellos los dulces lazos de verdadera fraternidad. Por último, es la otra vida la que establecerá el equilibrio. Los últimos, es decir, los pobres, serán los primeros, porque con sus dolores y sufrimientos habrán adquirido mayores méritos.


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