viernes, septiembre 11, 2026

Consejo del santo cura de Ars para lograr conversiones

 

Un sacerdote frustrado le preguntó al Santo Cura de Ars (San Juan María Vianney) por qué no lograba convertir a los fieles de su propia parroquia...



Un cura se acercó a Vianney agobiado y se lamentó de que su pueblo seguía indiferente, afirmando que él ya había hecho de todo sin ver ningún fruto espiritual. 

El Cura de Ars lo miró con sencillez y le replicó con otra pregunta: "¿Has hecho todo? ¿Estás bien seguro? ¿Has ayunado? ¿Has llorado por ellos?". 

El santo le recordó que para tocar los corazones no basta con cumplir con los deberes formales o dar buenos sermones, sino que se requiere la ofrenda personal, la penitencia constante y la oración profunda por las almas.

Las claves de la transformación es la oración continua: El Cura de Ars pasaba horas interminables rezando en el templo ante el sagrario,  vivía con extrema austeridad, comiendo muy poco y durmiendo apenas unas horas para ofrecer sacrificios por los pecadores de su aldea. Dedicaba hasta 16 o 18 horas al día a escuchar confesiones, convirtiendo su parroquia en un sitio de reconciliación que atraía a personas de toda Francia

sábado, septiembre 05, 2026

Saludo sabatino a la Virgen Maria

 


Oh Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra! henos humildemente postrados ante tu sagrada Imagen, para ofrecerte nuestro filial homenaje sabatino, en nombre nuestro, de nuestras familias y de todos los cristianos, y para pedirte tu perpetua asistencia y protección. 

1. Recibe, pues, oh Madre querida, nuestro filial saludo, el que quisiéramos valorizar con las alabanzas e himnos dulcísimos  de todos los ángeles y santos del cielo, para poder dignamente ensalzarte. Tú, que conoces mejor que nosotros el estado actual de nuestras almas y su mayor necesidad, así como nuestras actuales necesidades materiales; socórrenos, por los méritos de tu Hijo Jesucristo, hoy, y siempre, y cuando estemos en el Purgatorio. Así sea. 

Ave María

2. Recibe también, oh Santísima Virgen, el filial saludo de todos los de nuestras familias y de cuantos están bajo nuestro cuidado, o a nuestro servicio. Tú que fuiste en la tierra madre de un hogar modelo, y que ahora eres la abogada de todos los hogares cristianos: mira a los nuestros con ojos de bondad, y aleja de ellos la discordia, la inmoderada preocupación de los bienes materiales, todo pecado y todo mal; para que,  viviendo y muriendo todos en estado de gracia, volvamos a unirnos contigo para siempre en el cielo. Así sea. 

Ave María

3. Recibe finalmente, dulce Virgen María, el filial saludo de todos los cristianos. Bajo tu amparo nos acogemos, oh Santa Madre de Dios: socorre a los pobres, sostén a los débiles, consuela a los atribulados, convierte a los pecadores, asiste a los moribundos, intercede por la Iglesia, y que sientan tu auxilio todos los que te invocan. Así sea. 

Ave María y Gloria

Oración:

Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial princesa, Virgen sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía. Amén.



miércoles, agosto 05, 2026

Transfiguracion de NSJC, 6 de agosto

En este día celebra la Santa Iglesia el misterio altísimo de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. 


Había avisado el Salvador a sus discípulos que padecería mucho en Jerusalén de los escribas y príncipes de los sacerdotes, y que moriría en sus manes y que después de muerto había de resucitar. Y para que cuando le viesen morir no se escandalizasen y entendiesen que era Señor de la vida y de la muerte, quiso el divino Redentor transfigurarse y darles una como muestra de la bienaventuranza que habían de alcanzar. Para esto tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan su hermano, los cuales habían de presenciar más de cerca los dolores de su pasión, y los llevó al monte Tabor. Habiéndose puesto allí en oración, se transfiguró delante de aquellos discípulos, y vieron su rostro resplandeciente y glorioso, y todo el cuerpo más claro que el mismo sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve. Vieron juntamente a Moisés y a Elias que estaban a sus lados y le tenían en medio, hablando con El de la pasión y muerte que para cumplir las profecías había de padecer en Jerusalén. Y al haber el Salvador mostrándose glorioso con aquella nueva claridad en el monte, llaman los evangelistas transfigurarse, porque, aunque no tomó otra forma ni figura, pero alteró la que antes tenía, dándole aquel nuevo resplandor y maravillosa claridad.

Reflexión: Siendo la gloria de Cristo el galardón de nuestras buenas obras y padecimientos, vivamos en este valle de lágrimas de tal suerte que merezcamos verle en el monte alto del cielo, no transfigurado, como le vieron los tres apóstoles en el monte Tabor, sino como Él es, y como es glorificador y remunerador de todos sus escogidos, donde como se dice en la Escritura, no hay llantos ni gemidos ni dolores, ni trabajo alguno, sino que todo es júbilo y gloria y felicidad cumplida y eterna.

Oración: Oh Dios que en la gloriosa Transfiguración de tu unigénito Hijo con la autoridad de los profetas confirmaste los ocultos misterios de la fe, y con la voz salida de una resplandeciente nube, admirablemente nos diste a conocer la perfecta adopción de hijos; concédenos la gracia de ser coherederos del Rey de la gloria y la participación de su misma bienaventuranza. Por Jesucristo, tu mismo Hijo y nuestro Señor. Amén.


jueves, junio 18, 2026

Meditación: La alegría del espíritu



A excepción del pecado, no hay mal mayor que la tristeza, dice San Francisco de Sales. Algunas personas para tener una vida recogida llevan a una vida melancólica. ¡Error grande! El recogimiento nace del espíritu y del amor de Dios, la melancolía del espíritu de Tinieblas.

Conservad firmemente el gran principio de San Francisco de sales, a saber: que todo pensamiento que inquieta jamás proviene de Dios, que es rey de paz y habita en los corazones pacíficos.

Es preciso, por tanto, tomarse alguna recreación de otra suerte, el espíritu queda oprimido y por lo mismo, más fácil la entristecerse. Por otra parte, dice Santo Tomás, que la fuga de toda honesta diversión puede hacer culpable a la persona. La virtud se halla en el orden; y todo exceso, oponiéndose al orden, ultraja la virtud.

La recreación en medio de nuestras ocupaciones ha de ser como la sal en la comida. Demasiada sal vuelve desabrida la comida; nada de ella la deja insípida en extremo.

No debe señalarse igual cantidad de comida a todas las personas, porque algunas necesitan más alimentos que otras; así también sucede en la recreación. Divertidos, pues a proporción de la necesidad de vuestro espíritu, de la calidad de vuestras ocupaciones y de vuestro más o menos melancólico humor.

Luego que observareis que la melancolía entra en vuestro corazón, la distraeréis ocupandoos en objetos contrario, buscando compañía, aunque sea con vuestros domésticos, leyendo cosas indiferentes, paseando, cantando, haciendo todo para impedir la entrada a enemigo tan terrible. El pensamiento melancólico es como el sonido de la trompeta enemiga que convida a los demonios para combatirlos.

Tomado de: Documentos. Para tranquilizar a las almas timoratas en sus dudas

Escrito en italiano por el Padre Carlos José  Quadrupani

Traducido por el P. Fr. Bernardo Cavalle, Madrid 1886

 

 

 

 


miércoles, junio 17, 2026

Las jaculatorias, el secreto para orar en todo momento

 La voz “jaculatoria” proviene del latín "Jaculari" y es un verbo que significa "lanzar" o "arrojar", y es la raíz etimológica de la palabra jaculatoria.



Los habitantes de la antigua Roma utilizaban la raíz de lo que hoy es nuestra palabra “jaculatoria” para denominar el dardo, la flecha o cualquier otro objeto que tuviera como finalidad el ser lanzado con fuerza a la distancia.

Su actual significado guarda una estrecha relación con el sentido originario porque hoy utilizamos esa voz para referirnos a las cortas exclamaciones o plegarias que el amor y la confianza del cristiano le envía, como pequeñas flechas o saetas, al Señor, a la Santísima Virgen o a los Santos. “La jaculatoria, como la flecha o el dardo, es rápida. Como la flecha y el dardo pretende entrar en lo más profundo de Aquel a quien la dirigimos”.

Jesús nos pidió que velásemos orando en todo tiempo (Lc. 21, 36). Él nos dio a entender cuan insistentes debemos ser en la oración cuando nos relató la parábola del juez injusto y de la viuda (Lc. 18, 1-8). Los primeros cristianos siguieron este mandato pues perseveraban en la oración continuamente (Hch. 2, 42). San Pablo, por su parte, nos pide orar sin cesar (1 Tes. 5, 17), “perseverar en la oración” (Col. 4,2), estar “orando en todo tiempo en el Espíritu con toda clase de oraciones y súplicas” (Ef. 6, 18), y ser “constantes en la oración” (Rm. 12,12).

Si las jaculatorias nos ayudan a orar sin cesar, en todo momento por lo tanto nos ayudan también a mantenernos en la presencia de Dios en todo momento

Características principales

·     Brevedad: Se pueden recitar en una sola respiración, mientras realizas cualquier actividad cotidiana.

·    Intención: Buscan pedir ayuda, alabar, dar gracias o mantener el alma unida a la fe sin necesidad de un rezo largo.

·       Indulgencias: Tienen indulgencias parciales aplicables a las almas del purgatorio

·       Jaculatorias e indulgencias:

1. Jesús manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. 300 días de inguldecia cada vez. San Pío X, 1905.

2. ¡Oh, dulcísimo Jesús! No seas mi Juez, sino mi Salvador. 50 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1853.

3. Jesús, María y José, que mi alma expire con vosotros en paz. 100 días de indulgencia, Pío VII.

4. Corazón de mi amable Salvador, haz que crezca y arda siempre en mi tu amor. 300 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1876.

5. Dulce corazón de mi Jesús, haz que te ame siempre más y más. 300 días de indulgencia.

6. Invocando los nombres: “Jesús, María y José” 7 años de indulgencia y otras tantas cuarentenas cada vez y plenaria al mes. San Pío X, 1906

7. Señor, consérvanos la fe. 100 días de indulgencia cada vez, San Pío X, 20 de marzo de 1908.

8. Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros tu Reino. 300 días de indulgencia cada vez, San Pío X, 1906.

9. Corazón Eucarístico de Jesús, dulce compañero de nuestro destierro. 200 días de indulgencia cada vez, León XIII, 1899.

10. Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía. 300 días de indulgencia cada vez; plenaria al mes, Pío IX, 1852.

11. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío300 días de indulgencia cada vez; plenaria al mes, San Pío X, 1906.

12. María, esperanza nuestra, ten piedad de nosotros. 300 días de indulgencia, San Pío X, 1906

13. Todo por Ti, Corazón Sacratísimo de Jesús. 300 días de indulgencia cada vez; además plenaria los doce sábados que preceden a la fiesta de la Inmaculada Concepción.

14. Repite con frecuencia: “Jesús, Maestro adorable”. 200 días de indulgencia cada vez, León XIII, 1899

15. Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, ruega por nosotros. 300 días de indulgencia, San Pío X, 1905.

16. Corazón de Jesús, encendido por nuestro amor, inflama mi corazón con tu amor. 100 días de indulgencia, León XIII, 1893.

17. Corazón Eucarístico de mi Dios. 200 días de indulgencia cada vez, León XIII, 1899.

18. Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de mi. 100 días de indulgencia cada vez, Pío IX.

19. Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros. 100 días de indulgencia cada vez, Pío IX

20. Invoca con frecuencia los nombres de: “Jesús y María”. 300 días de indulgencia, Pío X, 1904.

21 Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros. Tres veces después de la Santa Misa, siete años de indulgencia. San Pío X, 1904

22. Sea por siempre bendita y alabada la Santa e Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios. 300 días de indulgencia cada vez.

23. ¡Oh, dulcísimo Jesús! No seas mi Juez, sino mi Salvador. 50 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1853.

24. Jesús, María y José, que mi alma expire con vosotros en paz. 100 días de indulgencia, Pío VII.

25. Corazón de mi amable Salvador, haz que crezca y arda siempre en mi tu amor300 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1876.

26. Dulce corazón de mi Jesús, haz que te ame siempre más y  más. 300 días de indulgencia.

27. Jesús, María, os amo, salvad las almas. El mismo Jesús enseñó a Sor M. Consolata Bertrone este acto de amor sencillísimo, prometiéndole que cada Acto de Amor salvaría el alma de un pecador y que repararía mil blasfemias.  


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