martes, junio 09, 2026

Si Dios se preocupa de nosotros, ¿por qué hay diferencia de condiciones? (narración del padre Carlos Ignacio en portugues, traduccion del blog )


Si Dios se preocupa por nosotros, ¿por qué la diferencia de condiciones? ¿por qué hay ricos y hay pobres? La desigualdad de condiciones surge necesariamente de la desigualdad de aptitudes, de cualidades físicas, intelectuales y morales de los hombres. Dios no debe a cada uno de nosotros más que los medios necesarios para lograr nuestro fin, y no está obligado a dar a todos los mismos dones de fuerza, inteligencia, etc. Además, esta desigualdad participa en la armonía del universo y se convierte en fuente de las virtudes más bellas y de un vínculo de unión entre los hombres. La desigualdad de condiciones suele deberse al hombre que a Dios. Es el resultado de la actividad de unos y la negligencia de otros. Esta desigualdad también entra en el plan Divino, porque es necesaria para la sociedad humana. Si todos los hombres fueran ricos, nadie querría trabajar la Tierra. Si todos fueran pobres, nadie podría dedicarse a las artes, a las ciencias, la industria, etc. Por lo tanto, es necesario que haya ricos y pobres.

La desigualdad de condiciones manifiesta las cualidades más bellas del hombre. Es hermoso ver a los ricos despojarse de sus pertenencias para ayudar a los pobres, como es hermoso también ver a los pobres soportar privaciones con paciencia y resignación a la voluntad de Dios. Por eso la desigualdad participa en la armonía del universo. Acerca a cos ricos a los pobres, a los débiles a los poderosos, y por las bellas virtudes de la Caridad, la bondad y la gratitud, establece entre ellos los dulces lazos de verdadera fraternidad. Por último, es la otra vida la que establecerá el equilibrio. Los últimos, es decir, los pobres, serán los primeros, porque con sus dolores y sufrimientos habrán adquirido mayores méritos.


Meditaciones diarias: Vete en paz (Castellano y Portugués), 9 de junio

 …“Por eso te digo que muchos pecados le han sido perdonados, porque amó mucho. Pero el que perdona poco, ama poco. Los demás invitados comenzaron a decir entre sí: «¿Quién es este que también perdona pecados?» Entonces él le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz». (1)


El desorden de Magdalena radicaba en su amor desenfrenado por las criaturas, y la salvación de la pecadora en su profundo amor por Nuestro Señor. Este amor de Magdalena era un amor confiado y penitente que atrae el Amor misericordioso. Las almas que pecan mucho suelen ser también grandes en el Amor Divino. Véase Agustín, Margarita de Cortona, María de Egipto. ¡Qué almas seráficas! El amor por las criaturas, que mancha y destruye, se transforma, se purifica y se salva al volverse hacia el Creador. Por eso Nuestro Señor puede hablar así de Magdalena:

"Muchos pecados le han sido perdonados porque amó mucho."

¿Está tu alma cubierta de iniquidades, crímenes y pecados vergonzosos? ¡Ah! ¡No temas!… Corre rápidamente a Jesús y pídele perdón, como lo hizo María Magdalena, en un gesto de confianza y amor penitente. ¡Y serás perdonado! El amor y la confianza resucitan a las almas que buscan al Salvador con todas sus fuerzas. Esto es todo lo que pide el Corazón misericordioso de Jesús. ¡ Amor y confianza! —dijo un alma arrepentida—. ¡Lo demás… no existe para mí! (2)

Referencias: 
(1) Lc 7:36-50 
(2) Eva Lavallière

Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Reflexiones para cada día del año. Imprenta “Ave-Maria”, 1936

///////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////

Vai em paz

…”Pelo que digo a ti: muitos pecados lhe são perdoados, porque muito amou; mas, a quem menos perdoa, menos ama. E os que estavam junto à mesa começaram a dizer consigo mesmo: Quem é este que também perdoa pecados? E disse à mulher: A tua fé te salvou. Vai em paz.” (1)

A desordem de Madalena foi ter amado loucamente as criaturas, e a salvação da pecadora foi ter amado, e muito, a Nosso Senhor. Este amor de Madalena era o amor confiante, penitente, que atrai o Amor misericordioso. As almas grandes no pecado costumam também ser grandes no Amor Divino. Vede Agostinho, Margarida de Cortona, Maria Egipcíaca. Que almas seráficas! O amor das criaturas, que mancha e perde, transforma-se, purifica e salva, quando voltado para o Criador. Eis porque Nosso Senhor assim pode falar de Madalena:

“Muitos pecados lhe são perdoados porque muito amou”.

Tua alma está coberta de iniquidades, de crimes, de pecados vergonhosos? Ah! Não tenhas receio!… Corre depressa a Jesus e pede-Lhe perdão, como fez Madalena, num gesto de confiança e de amor penitente. E serás perdoado! O amor e a confiança ressuscitam as almas que buscam o Salvador com todas as forças. É só isto que pede o Coração misericordioso de Jesus. Amor e confiança!– dizia uma alma arrependida. O resto… não existe para mim! (2)

Referências:
 (1) Lc 7,36-50
 (2) Eva lavalliére

Brandão, Ascânio. Breviário da Confiança: Pensamentos para cada dia do ano. Oficinas Gráficas “Ave-Maria”, 1936

martes, junio 02, 2026

Meditaciones diarias: ¿Por qué temes? (Castellano y Portugués), 3 de junio


“Y cuando subió a una barca, le siguieron a sus discípulos. Y pronto vino un gran movimiento del mar, de modo que la barca estaba cubierta de olas; pero Él dormía. Entonces sus discípulos se acercaron a Él y lo despertaron, diciendo: Señor, ¡sálvanos, perecemos! Y Jesús les dijo: ¿Por qué teméis a los hombres de poca fe? Y se levantó, y envió a los vientos y al mar, y siguió una gran tranquilidad”. (1)

Nuestra vida está llena de tormentas. El frágil barco de nuestra existencia se ve, casi todos los días, en las agitaciones de las olas de amargura, contradicciones, luchas, retrocesos, ingratitudes, y parece hundirse en el dolor y la desesperación. ¡No tenemos suficiente fe! Nuestro Señor tenía razón cuando increpó a los discípulos: “hombres de poca fe”. ¿Jesús, Dios, Señor de los mares y de las tormentas, no estaba con ellos? ¿Por qué el miedo? ¡Recibimos a nuestro Señor tantas veces en la comunión! Por gracia, Él vive con nosotros, lo conocemos por fe. Y aquí vienen las agitadas oleadas de horribles tentaciones. Y el mar de nuestra vida espiritual es un caos oscuro. ¡Agita la violenta tormenta! ¡Oscuridad profunda, oscuridad espesa! ¡Y Jesús duerme! Rezamos, pedimos, lloramos. ¡Y duerme! ¡Ah! ¡Confía, alma cristiana! ¡No hay peligro! Él se levantará ante el naufragio y nos dirá:

“¿Por qué temes?”

¡Y habrá una gran tranquilidad! ...

Brandão, Ascanio. Breviary of Trust: Pensamientos para cada día del año. Talleres gráficos “Ave-Maria”, 1936

////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////

Por que Temeis?

“E, subindo Ele para um barca, seguiram-na seus discípulos. E logo sobreveio um grande movimento do mar, de tal sorte que a barca se cobria de ondas; mas Ele dormia. Então se chegaram a Ele os seus discípulos e O acordaram, dizendo: Senhor, salva-nos, perecemos! E Jesus lhes disse: Por que temeis, homens de pouca fé? E levantando-se, mandou aos ventos e ao mar, e seguiu-se uma grande tranquilidade.”

Nossa vida é toda cheia de tempestades. A frágil barquinha de nossa existência se vê, quase todos os dias, nas agitações das ondas de amarguras, contradições, lutas, reveses, ingratidões, e parece naufragar de dor e desespero. Não temos bastante fé! Tinha razão Nosso Senhor quando increpava aos discípulos: “homens de pouca fé”. Jesus, Deus, Senhor dos mares e das tempestades, não estava com eles? Por que temer? Recebemos Nosso Senhor tantas vezes na Comunhão! Pela graça, vive Ele conosco, sabemo-lo pela fé. E aí vêm as ondas agitadas de tentações horrorosas. E o mar de nossa vida espiritual é um caos tenebroso. Agita-o violenta tempestade! Escuridão profunda, trevas espessas! E Jesus dorme! Rezamos, pedimos, choramos. E Ele dorme! Ah! Confiança, alma cristã! Não há perigo! Ele se levantará antes do naufrágio e nos dirá:

Porque temeis?

E há de seguir-se uma grande tranquilidade!…

Brandão, Ascanio. Breviary of Trust: Pensamientos para cada día del año. Talleres gráficos “Ave-Maria”, 1936

jueves, mayo 28, 2026

Trisagio a la Santísima Trinidad, 29, 30 y 31 de mayo

El Trisagio a la Santísima Trinidad se reza tradicionalmente durante tres días consecutivos, comenzando el viernes anterior a la fiesta de la Santísima Trinidad, cuya celebración se realiza el domingo siguiente a Pentecostés. Puede rezarse en cualquier momento del año como una devoción de alabanza.



Abrir el PDF

Por la señal de la Santa Cruz, etc.

Oh amabilísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en

esencia y trino en los secretos, admirable en la providencia e infinito

en todas las perfecciones: yo os adoro con el más profundo respeto;

en vos creo y espero firmemente; os amos sobre todas las cosas; pésame en el alma de haberos ofendido; pésame, padre omnipotente; pésame, hijo misericordioso; pésame, Espíritu Santo, amantísimo. Haced que nunca más ofenda yo a Trinidad, tan augusta, tan santa y amable; sino que, alabándoos y sirviéndoos ahora con todos los justos, logre después alabaros con los Serafines eternamente. Amén.


Oración al Padre

Oh Padre eterno! Principio y fuente de todo bien, increado, ingénito,

centro de toda felicidad; gózome de veros tan superior a todo lo creado, que mi entendimiento se pierde en el océano de vuestras perfecciones infinitas. Permitid que unido a los Ángeles, Arcángeles y Tronos celebre vuestro inmenso poder y os diga:

Padre nuestro y 9 veces alternando con el coro:

Santo, Santo, Santo, Santo Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra Gloria.

Gloria al padre, Gloria al hijo, Gloria al Espíritu Santo.


 Oración al Hijo

¡Oh Hijo divino! en todo igual al Padre, verdad infalible, camino y seguro y vida felicísima del hombre, os glorificado por todos vuestros soberanos atributos, y os alabo por vuestra misericordia infinita. ¡Ay, Jesús mío, que no he sido discípulo vuestro, sino de nombre! Pero, queriendo ya hacerlo en realidad, permitir que una mi voz a la de los Principados, Dominaciones y Potestades y ensalzando con ellos vuestra sabiduría infinita, os diga:

Padre nuestro y 9 veces alternando con el coro:

Santo, Santo, Santo, Santo Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra Gloria.

Gloria al padre, Gloria al hijo, Gloria al Espíritu Santo.


Oración al Espíritu Santo

¡Oh espíritu consolador que procedáis del Padre y del Hijo, Amor increado, manantial de todas las gracias, centro de todas las dulzuras y no obstante, tan poco amado! A lo menos me alegro del encendido amor con que os aman las Virtudes, los Querubines y Serafines. ¡Oh, quién pudiese amaros con todos los hombres de la tierra, como esos espíritus os aman en el cielo! Permitid siquiera que uniéndome a ello os diga con todo afecto:

 Padre nuestro y 9 veces alternando con el coro:

Santo, Santo, Santo, Santo Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra Gloria.

Gloria al padre, Gloria al hijo, Gloria al Espíritu Santo.


Luego repítase tres veces:

Santo Dios, Santo, Fuerte, Santo, Inmortal, líbranos, señor de todo mal.

_Bendigamos al padre y al hijo con el Espíritu Santo.

_Alabémosle y ensalcémosle por todos los siglos.


Oración

Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste revelar a tus siervos la gloria de la eterna Trinidad, y hacer que, confesando una sola fe verdadera, adoremos la unidad de tu augusta Majestad; te rogamos, Señor, que, en virtud de esta misma fe, nos veamos siempre libres de toda adversidad y peligro, por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.

Devoción al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. 

_Envía Señor tu espíritu y vivificarán todas las cosas

_Y renovarás la faz de la tierra

Oración

Oh, Dios, que, con la ilustración del Espíritu Santo has enseñado a  las almas de los fieles; concédenos obrar rectamente según el mismo Espíritu Santo y gozar siempre de sus consuelos. Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.

Áncora de salvación

Nihil obstat:  César F. Pedotti

Imprimátur:  Antonio Rocca, Obispo de Augusta y Vic. Gen.

Buenos Aires, Argentina, 31 de marzo de 1949


lunes, mayo 25, 2026

Meditaciones diarias: ¡Ahora y en la hora de nuestra muerte! (Castellano y Portugués), 25 de mayo

 Una madre no permanece indiferente ante la agonía de su hijo. Nuestra Señora, la mejor, la más santa y la más perfecta de las madres, ¿acaso sería indiferente a nosotros en los últimos y más terribles momentos de nuestras vidas? San Juan de Dios, en medio de una dolorosa agonía, se quejó a la Santísima Virgen María:

"¡Oh, Madre mía, no te siento a mi lado para consolarme!"


—¡Oh, hijo mío! —respondió María—. No es mi costumbre abandonar a mis fieles siervos a estas horas. Quien repite cada día en el Ave María: «Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte», ¿cómo puede morir sin la protección de la Madre de Dios?

¡Oh no! ¡Tengamos fe! Si la idea de la muerte nos horroriza, si tememos la agonía final, ¡confiemos en la Virgen María! No seremos abandonados.

El Menologio cisterciense narra la historia de un monje que, en la hora de su muerte, rodeado de sus hermanos, sonrió feliz y apaciblemente, mientras los monjes oraban junto a su lecho de muerte, aterrorizados ante el espectáculo que estaban a punto de presenciar. Y, pensando en la Justicia Eterna, que ve faltas e imperfecciones incluso en sus ángeles, todos imploraron la misericordia divina para el moribundo. Asombrados al ver sonreír al monje en una hora tan grave y solemne, uno de los hermanos le preguntó:

"¿Qué es esto, hermano mío? Nuestro padre San Bernardo, en un momento extremo similar, tembló de terror, ¿y tú te ríes?"

—¡Ah! Hermano mío —respondió el moribundo—, ¿cómo no voy a alegrarme? Tengo aquí a la Virgen María, que me da fuerzas y vence al demonio.

Y expiró con una dulce sonrisa


¡Oh María, líbranos del enemigo!

y, en la hora de la muerte, recíbenos!

“Tu nos ab hoste protejan

Et hora mortis suscipe”

Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Reflexiones para cada día del año. Imprenta “Ave-Maria”, 1936

///////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////

Agora e na Hora de nossa Morte!

A mãe não assiste indiferente à agonia de um filho. Nossa Senhora, a melhor e mais santa e perfeita das mães, há de ser indiferente para conosco nos últimos e terríveis momentos de nossa vida? São João de Deus, nas lutas de uma agonia dolorosa, queixou-se à Virgem Santíssima:

“Ó minha Mãe, não Vos sinto ao meu lado para amparar-me!”

– “Oh! Meu filho, responde Maria, não é meu costume abandonar, em tal hora, os meus servos fiéis. Quem todos os dias repetiu na “Ave-Maria”: Rogai por nós, pecadores, agora e na hora de nossa morte, poderá morrer sem a proteção da Mãe de Deus?”

Oh! Não! Tenhamos confiança! Se o pensamento da morte nos horroriza, se temos receio dos últimos combates da agonia, confiança em Nossa Senhora! Não seremos desamparados.

O Menológio cistercense conta de um monge que, na hora da morte, cercado de seus irmãos, sorria feliz e tranquilo, enquanto os monges oravam junto ao leito de agonia, cheios de terror ao espetáculo da morte que iam contemplar. E, pensando na Eterna Justiça, que vê faltas e imperfeições até nos seus Anjos, pediram todos a misericórdia Divina para o agonizante. Admirado por ver sorrir o monge naquela hora tão grave e solene, pergunta-lhe um dos irmãos:

“Que é isto, meu irmão? Nosso Padre São Bernardo, em igual momento extremo, tremia apavorado, e tu ris?”

– “Ah! Meu irmão, responde o moribundo, como não me hei de alegrar? Tenho aqui presente Nossa Senhora, que me dá força e vence o demônio”

E expirou com doce sorriso.


Ó Maria, livrai-nos do inimigo

e, na hora da morte, recebei-nos!

“Tu nos ab hoste protege

Et hora mortis suscipe”

Brandão, Ascânio. Breviário da Confiança: Pensamentos para cada dia do ano. Oficinas Gráficas “Ave-Maria”, 1936

Entrada destacada

Memorare / Acordaos

  M emorare, O piissima Virgo María , non esse auditum a sæculo, quemquam ad tua currentem præsidia, tua implorantem auxilia, tua petentem s...