"El santo, dice la Escritura, permanece en la sabiduría como el sol, pero el necio cambia como la luna.
El pecador necio se distingue por su inconstancia e impaciencia en todas sus acciones.
A veces cree, a veces descree. Hoy ríe, feliz en su prosperidad, se alegra con sus amigos, disfruta de la felicidad hasta la embriaguez, hasta la locura. Mañana llega el golpe de la adversidad. Una desgracia, una enfermedad, alguna calamidad.
Llora hasta la desesperación, se rebela contra el Señor, grita y se exaspera. A veces es humilde, a veces orgulloso hasta la locura. En resumen, el pecador cambia según su situación de adversidad o prosperidad. Y, así como nuestras vidas cambian, como la luna, de la alegría al dolor, de la felicidad al luto, el pecador necio pasa de la felicidad a la desesperación. El justo no es así. Tranquilo, sereno, siempre permanece igual, como el sol, oculto entre las nubes o brillando en su cenit. En la debilidad de su naturaleza humana, siente, es cierto, pero permanece sereno, resignado, humilde. La prosperidad no lo enorgullece, la adversidad no lo abruma. Si el exterior a veces es oscuro y triste, como un día sin sol, el interior está tranquilo y siempre iluminado por el Sol Divino, porque, tras las espesas nubes de tanta amargura, el sol de su corazón siempre permanece brillante y espléndido.
Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Pensamientos para cada día del año. Imprenta “Ave-Maria”, 1936
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O Sol e a Lua
“O homem santo, diz a Escritura, permanece na sabedoria como o Sol, mas o insensato muda como a lua”
O pecador insensato se distingue pela inconstância e impaciência em todos os seus atos. Ora crê, ora descrê. Hoje ri, ditoso na prosperidade, regozija-se com seus amigos, goza a felicidade até a embriaguez, até a loucura. Amanhã vem o golpe da adversidade. Uma desgraça, uma doença, uma calamidade qualquer.
Chora até o desespero, revolta-se contra o Senhor, grita e se exaspera. Ora é humilde, ora soberbo até a insensatez. Enfim, o pecador muda conforme a sua situação de adversidade ou de prosperidade. E, do mesmo modo que a nossa vida muda, como a lua, do gozo para a dor, da alegria para o luto, o pecador insensato muda da felicidade para o desespero. Já não é assim o justo. Calmo, sereno,permanece sempre igual, como o Sol, escondido entre nuvens ou a brilhar no zênite. Na fraqueza da sua natureza humana, sente, é verdade, mas se conserva sereno, resignado, humilde. A prosperidade não o ensoberbece, a adversidade não o abate. Se o exterior é, às vezes, sombrio e triste, como um dia sem sol, o interior está calmo e sempre iluminado pelo Sol Divino, porque, atrás das nuvens espessas de tantas amarguras, o sol de seu coração se conserva sempre brilhante e esplendoroso.
Brandão, Ascânio. Breviário da Confiança: Pensamentos para cada dia do ano. Oficinas Gráficas “Ave-Maria”, 1936




