Un sacerdote frustrado le preguntó al Santo Cura de Ars (San Juan María Vianney) por qué no lograba convertir a los fieles de su propia parroquia...
Un cura se acercó a Vianney agobiado y se lamentó de que su pueblo seguía indiferente, afirmando que él ya había hecho de todo sin ver ningún fruto espiritual.
El Cura de Ars lo miró con sencillez y le replicó con otra pregunta: "¿Has hecho todo? ¿Estás bien seguro? ¿Has ayunado? ¿Has llorado por ellos?".
El santo le recordó que para tocar los corazones no basta con cumplir con los deberes formales o dar buenos sermones, sino que se requiere la ofrenda personal, la penitencia constante y la oración profunda por las almas.
Las claves de la transformación es la oración continua: El Cura de Ars pasaba horas interminables rezando en el templo ante el sagrario, vivía con extrema austeridad, comiendo muy poco y durmiendo apenas unas horas para ofrecer sacrificios por los pecadores de su aldea. Dedicaba hasta 16 o 18 horas al día a escuchar confesiones, convirtiendo su parroquia en un sitio de reconciliación que atraía a personas de toda Francia

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