Los sumos pontífices tienen concedidas a este piadoso ejercicio las
mismas indulgencias a los que recorren la vía dolorosa en Jerusalén,
más para ganarlas
es menester.
1° Recorrer realmente cada una de las estaciones, a menos que una
grande
aglomeración no lo permita.
2° Meditar la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
3° Se recomienda rezar un padre nuestro, un Ave María y un Gloria
en cada
estación.
Nota: se
suele besar el suelo al ponerse de rodilla en cada estación y es muy grata a
Dios, práctica tan expresiva de humildad a seguidas de golpes de pecho con la
jaculatoria. Señor, Pequé, tened misericordia de mí.
ORACION ANTE EL ALTAR MAYOR
En Unión con María, la madre de Dolores, vamos, Oh Jesús, recorrer la vía dolorosa que tú anduviste antes de consumar nuestra redención en el calvario. Haz que la meditación de los principales misterios de tu sagrada pasión nos llena el corazón de dolor, de tu sagrada pasión, de nuestros pecados y de agradecimiento por el entrañable amor que nos demostraste.
(Antes de cada estación, se dice hincándose: “Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz Redimiste al mundo”)
SEÑAL DE LA CRUZ
Por la señal ✠ de la santa Cruz de nuestros ✠ de nuestros enemigos líbranos, ✠ Señor Dios nuestro. En el ✠ nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén
ACTO DE CONTRICCION (Pésame o Yo, pecador)
I ESTACION
JESUS ES CONDENADO A MUERTE
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz Redimiste al mundo”)
“Si sueltas a Jesús, gritan los judíos, no eres amigo del César. Porque todo aquel que se hace rey se rebela contra el César.”
Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que el alboroto se iba haciendo mayor, mandó le trajesen agua y lavándose las manos ante el pueblo, dijo: “Inocente, soy de la sangre de este justo allá vosotros”, y toda la turba voceaba: “caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.” Entonces Pilatos le entregó a Jesús para que le crucificasen.
Haz oh Divino Salvador mío, que aborrezca yo el pecado, porque él es quien os condenó a morir por mí, muerte de Cruz, muerte acerbísima y afrentosísima.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
II ESTACION
JESUS ES CARGADO CON LA CRUZ
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz Redimiste al mundo”)
Después de haberse burlado a su gusto de Jesús, los soldados le arrastraron hasta fuera de la ciudad para crucificarle; y Jesús cargando con la Cruz, se puso en marcha hacia el cerro llamado del Calvario. ¡Lleva a la Cruz para Descargarme a mí de ella! Delante de él va un lictor. Que lleva la inscripción que indica la causa del suplicio: “Jesús Nazareno, rey de los judíos.”
¡Oh Jesús mío! Por tu muerte de cruz, has sido hecho rey de nuestras
almas.
Reina de verdad en la mía y domina mis rebeldías.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
III ESTACION
JESUS CAE BAJO EL PESO DE LA CRUZ
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Las fuerzas de Jesús estaban exhaustas después de la agonía en el huerto de los olivos y de los malos tratamientos de la noche en casa de los sumos sacerdotes y de la flagelación y coronación de espinas. Así que el peso de la Cruz excede con mucho a sus fuerzas físicas y por eso cae y se y desfallece extenuado. Más todavía que la Cruz que lo agobia a Jesús y le rinde. Es el enorme peso de mis pecados. Señor, cuando yo desfallezca levántame.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
IV ESTACION
JESUS SE ENCUENTRA CON SU SANTÍSIMA MADRE
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Nos dice una antigua tradición que María estaba a la Vera del camino por donde pasaba Jesús y todo su cortejo; viéndose entonces presa de un inmenso dolor.
Una espada de 7 filos traspasó el alma de María, que gemía sumida en la más profunda aflicción. ¿Dónde está el hombre que pudiera contener las lágrimas si viera a la madre de Cristo en tamaño suplicio?
Pues que la causa de este dolor son mis pecados, ¡oh María! alcánzame la gracia de aborrecerlos.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
V ESTACION
SIMON CIRENEOAYUDA A JESUS A LLEVAR SU CRUZ
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Era de temer que, dada la extrema fatiga de Jesús, no pudiese llegar hasta el sitio de la ejecución. Así que cuando los soldados salieron de la ciudad, tropezaron con un tal Simón de Cirene, Padre de Alejandro y de Rufo, que volvía de su granja, y le forzaron brutalmente a llevar la Cruz del Salvador, cargándosela sobre sus hombros.
De la Cruz de Jesús manará también para nosotros un raudal de gracias. Señor, haz que en pos de Ti, la lleve yo en expiación de mis culpas. Nunca será tan pesada como la tuya, pues que Tú mismo, como buen cireneo, nos ayudas eficazmente a sobrellevarla.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
VI ESTACION
UNA PIADOSA MUJER LIMPIA EL ROSTRO DE JESUS
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Cuenta una piadosa tradición, como al pasar la comitiva, una mujer se metió por entre la alborotada turba, acercándose al Salvador y con un velo que llevaba le enjugó el sudor de su divina cara, y que Jesús, como para pagar aquel servicio, dejó impresos en el velo de la Verónica los rasgos de su Santa Faz. Esa mujer será siempre el tipo de las nobles y santas osadías.
Los respetos humanos y una vergonzosa cobardía me retraen, Señor, de vuestro seguimiento. Dadme la gracia de vencerme para que así vayáis Vos imprimiendo en mi alma vuestros rasgos, pues en el cielo solo entra el que a ti se parece.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
VII ESTACION
JESUS CAE POR SEGUNDA VEZ
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Desde la sexta estación, el camino sube una áspera pendiente, la marcha se hace bastante penosa por las calles resbaladizas y estrechas de Jerusalén. La extrema debilidad de Jesús, el calor del mediodía, la subida, los estorbos del camino, las brutalidades de los soldados, las burlas de los judíos y, sobre todo, el peso de la Cruz explica la recaída del Salvador.
El peso aplastante de mis pecados es el que hace a Jesús caer de nuevo. Concédeme, Señor, qué me torne siempre a levantarme de mis caídas.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
VIII ESTACION
JESUS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALEN
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Una abigarrada muchedumbre seguía a Jesús, y entre ella había mujeres que lloraban y se condolían de Él. Entonces se volvió hacia ellas y les dijo: ¿Hijas de Jerusalén no lloréis por Mí, sino por vosotros y por vuestros hijos; porque si esto pasa en el árbol verde, ¿qué será en el seco?
Jesús predijo con esto el castigo que pronto había de recaer sobre el pueblo de deicida. Éste fue dispersado y el templo, que era su orgullo, fue reducido a pavesas.
Si la vida de la gracia no anima mi alma, la Justicia Divina me entregará al fuego, como árbol seco que se quema. Evita, pues alma mía, el pecado si no quieres caer en el infierno, en la Gehenna del fuego inextinguible.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
IX ESTACION
JESUS CAE POR TERCERA VEZ
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Cuando Jesús ha llegado junto a la cima del Gólgota, el pensar en lo que le queda todavía por sufrir hace desfallecer a su Santísima humanidad, como en Getsemaní, y llega a ser tal la flaqueza del Divino Maestro que los soldados tienen que levantarle y tal vez también que llevarle hasta la misma cumbre del Calvario. Ésta es verdaderamente la hora del Príncipe de las Tinieblas, la hora de suprema iniquidad; pero es también la hora de la completa y universal amnistía, merced al anonadamiento del Dios hecho hombre.
Gracias, Jesús mío, por haberte abajado tanto, a fin de levantarme de mis vicios y miserias.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
X ESTACION
JESUS SE VE DESNUDADO DE SUS VESTIDURAS
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Al despojar los soldados a Jesús de sus vestiduras, las llagas causadas por los azotes, ya restañadas, tornáronse a abrir. “Le hemos visto”, dice Isaías “tan malparado que no hay en Él parecer ni hermosura. Nos pareció como un hombre despreciado y desechado, varón de dolores, experimentado en el sufrimiento. Le hemos mirado como a leproso y herido por Dios y humillado. Ciertamente Él cargó con nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolore; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Más Él fue herido por nuestras maldades, molido por nuestros pecados. El castigo que nos debía traer la paz, sobre Él recayó y por sus llagas fuimos curados.”
De este modo expías mis inmodestias. ¡Oh Jesús Mío! Dame el espíritu de pureza y de mortificación.
Señor, Pequé, tened misericordia de mí.
XI ESTACION
JESUS ES CLAVADO EN LA CRUZ
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Llegado al lugar que se llama Calvario, los soldados crucificaron a Jesús y con él a dos soldados, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la palabra de la escritura: “Fue puesto entre los malhechores.”
“¿Oh pueblo mío, ¿qué es lo que he hecho? o ¿en qué te he contristado? Dímelo. ¿Has preparado una Cruz a tu Salvador por haberte sacado de la tierra de Egipto? ¿O tal vez porque fui tu guía en el desierto durante 40 años y te alimenté con el maná y te introduje en la tierra excelente; o bien porque he usado siempre en favor tuyo de mi gran poder? ¿Por esto me has clavado en el patíbulo de la Cruz? ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho? o ¿en qué te he contristado? Respóndeme.” * ¿OH Jesús mío! contigo quiero estar atado a mi Cruz de cada día.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
*Improperios del viernes santo
XII ESTACION
JESUS MUERE EN LA CRUZ
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Dijo Jesús en la Cruz: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.” Y dirigiéndose luego al buen ladrón: “En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.” Y viendo a su madre en pie y junto a ella, al amado discípulo, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Enseguida se volvió al discípulo y le dijo: “ahí tienes a tu madre.”
Entonces el sol se anubló y densas tinieblas ensombrecieron el mundo desde el mediodía hasta las tres. Y en medio de aquella prematura noche, queriendo dar a entender que estaba suspendido en la cruz, solo entre la justicia implacable del cielo y la malicia de los hombres que le persiguen en la tierra, rezó aquel verso del salmo: “¿Dios mío, por qué me has desamparado?” Luego realizándose un postrer oráculo, dijo. “Tengo sed.” Y como le fuera presentado una esponja con vinagre conforme a la predicación profética, dijo Jesús: “Todo está consumado.” Y dando un fuerte alarido, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Con lo cual inclinó. Su la cabeza y expiró. (Se hace un instante de silencio en reverencia a la muerte de Jesús)
Aprende alma mía, a huir del pecado, pues tan grave es que exigió la muerte del hombre Dios para ser expiado. ¡Ojalá que nunca jamás vuelva a cometerlo! Por tu Cruz y tu pasión y muerte, líbrame, señor.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
XIII ESTACION
JESUS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU
MADRE
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Como ya se hacía tarde, José varón rico y natural de Arimatea, se llegó al Calvario después de haber alcanzado de Pilatos autorización para coger el cuerpo de Jesús. También acudió allí Nicodemo, trayendo una mezcla de mirra y áloes. Entrambos desclavaron con cariño el cuerpo del Señor y los pusieron en los brazos de su Madre, anegada en un mar de lágrimas. Luego lo envolvieron en un lenzuelo, y lo sepultaron conforme tenían costumbre los judíos.
¡Oh, madre de Dolores que lloras a tus hijos muertos por el pecado! Alcánzame un dolor sincero de todas mis culpas.
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
XIV ESTACION
ES SEPULTADO EL CUERPO DE JESUS
(Adoramoste Cristo y te bendecimos, que por tu Santa
Cruz Redimiste al mundo”)
Junto al lugar en que crucificaron a Jesús había un huerto, y en aquel huerto un sepulcro, propiedad también de José, el cual lo había cabado en la roca viva Y era del todo nuevo. Como quiera que iba a empezar el sábado Pascual, José y Nicodemo pusieron allí el cuerpo de Jesús y rodaron una pesada losa, tapando con ella la entrada del sepulcro, volviéndose a la ciudad, como también las santas mujeres, ya muy entrada la noche.
Ojalá me acuerde siempre, oh Jesús, de que en las aguas del bautismo fui un día contigo, sepultado, como en un sepulcro, muriendo para siempre al pecado y resucitando para siempre contigo a la vida nueva. “Por tu sepultura y tu Santa resurrección, Líbrame señor.”
Señor, pequé, tened misericordia de mí.
Se puede terminar rezando 5 padrenuestros con Ave María y Gloria teniendo
los brazos en Cruz en honor a las 5 llagas de nuestro señor.
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TOMADO DEL MISAL DIARIO Y VESPERA
Por DOM GASPAR LEFEBVRE de la Abadía de San Andrés (Brujas, Bélgica)
Traducción castellana y adaptación: Rev. P. Germán
Prado (Monje Benedictino de Silos, España), 1958.
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Durante el trayecto de una estación a otra del Vía Crucis, se puede cantar
esta devota canción:
PERDÓN ¡OH DIOS MÍO!
¡Perdón, oh Diod mío! ¡Perdón e indulgencia!
¡Perdón y clemencia! ¡Perdon y Piedad!
(Estribillo que se repite luego de cada estrofa)
Pequé, ya mi alma
Su culpa confiesa
Mil veces me pesa
De tanta maldad
Mil veces me pesa
De haber mi pecado
Tu pecho rasgado
¡Oh, Suma Bondad!
Yo fui quien del duro
Madero, inclemente
Te puso pendiente
Con vil impiedad
Por mí en el tormento
Tu Sangre vertiste
Y prueba me diste
De amor y humildad
Más ya, arrepentido
Te busco lloroso
¡Oh Padre amoroso!
¡Oh Dios de bondad!
La gloria he perdido
Merezco el infierno
¡Perdón, Padre Eterno!
¡Jesús, perdonad!
Y yo en recompensa
Pecado a pecado
La copa he llenado
De la iniquidad
Señor, triste vuelvo
Buscando consuelo
Pequé contra el cielo
Pequé contra Ti
¡Piedad! Fiel prometo
Oh, Dios de clemencia
Hacer penitencia
Y no pecar más
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