martes, junio 16, 2026

Meditaciones diarias: Tu hermano resucitará (Castellano y Portugués), 17 de junio

Cuando Marta oyó que Jesús venía, salió a su encuentro. María, en cambio, se quedó en casa. Entonces Marta le dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto; pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le respondió: «Tu hermano resucitará». (1)



¿Por qué María permanece sentada en casa, según el evangelista, mientras que Marta sale angustiada al encuentro de Jesús y explica por qué llora y sufre? María es el modelo de las almas abandonadas a la santísima voluntad de Dios. Espera con calma y serenidad la llegada del Maestro. Lázaro murió. Su amado hermano partió a la vida eterna, dejándola anhelante y triste —es cierto— pero resignada y confiada. En los golpes de la vida, imitemos la serena y dulce resignación de María. Marta es la oración de las almas afligidas. María, la oración de abandono y confianza. Ambas complacen a Nuestro Señor y son escuchadas. Sin embargo, la oración de María es más perfecta y más hermosa.

En las aflicciones de la vida, acudamos a Jesús con prontitud y confianza, como lo hicieron las hermanas de Lázaro. Ya sea corriendo a su encuentro, suplicando y llorando, o en el silencio de un acto de conformidad con la santísima voluntad de Dios . Unamos, en nuestras aflicciones, la ferviente oración de Marta a la serena resignación y la dulce confianza de María, porque ambas merecieron la resurrección de Lázaro.

"¡Tu hermano resucitará!"

Nótese que María permanece sentada en casa, pero cuando llega el Señor, se levanta rápidamente, según el Evangelio, y corre a su encuentro. Espera, va a su encuentro. Siempre entrega, pero también siempre esfuerzo, diligencia al correr al encuentro del Maestro. La entrega no exime del esfuerzo.

Referencias:

(1) Juan 11:1-44

Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Reflexiones para cada día del año. Imprenta “Ave-Maria”, 1936

////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////

“Teu irmão há de Ressuscitar”

“Ora, Marta, tanto que ouviu que vinha Jesus saiu a recebê-lO. Maria, porém, ficara sentada em casa. Disse então Marta a Jesus: Senhor, se tivesses estado aqui, meu irmão não teria morrido; mas também agora sei que tudo o que pedires a Deus, Deus te concederá. Respondeu-lhe Jesus: Teu irmão há de ressuscitar.” (1)

Por que Maria fica sentada em casa, no dizer do Evangelista e Marta sai, aflita, ao encontro de Jesus e lhe expõe a razão por que chora, por que sofre? Maria é o modelo das almas abandonadas à vontade santíssima de Deus. Espera, calma, em paz, que o Mestre venha. Lázaro morreu. O irmão querido partiu para a vida eterna, deixando-a saudosa e triste – é verdade – mas resignada e confiante. Nos golpes da vida, imitai a calma e doce resignação de Maria. Marta é a prece das almas aflitas. Maria, a oração do abandono e da confiança. Ambas agradam a Nosso Senhor e são ouvidas. No entanto, a oração de Maria é mais perfeita e mais bela.

Nas aflições da vida, vamos a Jesus, depressa e confiantes como o fizeram as irmãs de Lázaro. Ou correndo ao encontro de Jesus, suplicante e em pranto, ou no silêncio de um ato de conformidade à Vontade santíssima de Deus. Juntemos, nas aflições, a oração fervorosa de Marta à calma resignação e a doce confiança de Maria, porque ambas mereceram a ressurreição de Lázaro.

“Teu irmão há de ressuscitar!”

Notai que Maria fica sentada em casa, mas quando chega o Senhor, levanta-se depressa, diz o Evangelho e corre ao encontro de Jesus. Espera, vai ao encontro de Jesus. Sempre o abandono, mas também sempre o esforço, a diligência em correr ao encontro do Mestre. O abandono não dispensa o esforço.

Referências:

(1) São João 11,1-44

Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Reflexiones para cada día del año. Imprenta “Ave-Maria”, 1936

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Entrada destacada

Memorare / Acordaos

  M emorare, O piissima Virgo María , non esse auditum a sæculo, quemquam ad tua currentem præsidia, tua implorantem auxilia, tua petentem s...