La voz “jaculatoria” proviene del latín "Jaculari" y es un verbo que significa "lanzar" o "arrojar", y es la raíz etimológica de la palabra jaculatoria.
Los habitantes
de la antigua Roma utilizaban la raíz de lo que hoy es nuestra palabra
“jaculatoria” para denominar el dardo, la flecha o cualquier otro objeto que
tuviera como finalidad el ser lanzado con fuerza a la distancia.
Su
actual significado guarda una estrecha relación con el sentido originario
porque hoy utilizamos esa voz para referirnos a las cortas exclamaciones o
plegarias que el amor y la confianza del cristiano le envía, como pequeñas
flechas o saetas, al Señor, a la Santísima Virgen o a los Santos. “La
jaculatoria, como la flecha o el dardo, es rápida. Como la flecha y el dardo
pretende entrar en lo más profundo de Aquel a quien la dirigimos”.
Jesús
nos pidió que velásemos orando en todo tiempo (Lc. 21, 36). Él nos dio a
entender cuan insistentes debemos ser en la oración cuando nos relató la
parábola del juez injusto y de la viuda (Lc. 18, 1-8). Los primeros cristianos
siguieron este mandato pues perseveraban en la oración continuamente (Hch. 2,
42). San Pablo, por su parte, nos pide orar sin cesar (1 Tes. 5, 17),
“perseverar en la oración” (Col. 4,2), estar “orando en todo tiempo en el
Espíritu con toda clase de oraciones y súplicas” (Ef. 6, 18), y ser “constantes
en la oración” (Rm. 12,12).
Si
las jaculatorias nos ayudan a orar sin cesar, en todo momento por lo tanto nos
ayudan también a mantenernos en la presencia de Dios en todo momento
Características principales
· Brevedad:
Se pueden recitar en una sola respiración, mientras realizas cualquier
actividad cotidiana.
· Intención:
Buscan pedir ayuda, alabar, dar gracias o mantener el alma unida a la fe sin
necesidad de un rezo largo.
· Indulgencias:
Tienen indulgencias parciales aplicables a las almas del purgatorio
· Jaculatorias
e indulgencias:
1. Jesús manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo. 300 días de inguldecia cada vez. San Pío X, 1905.
2. ¡Oh, dulcísimo Jesús! No seas mi Juez, sino mi Salvador. 50 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1853.
3. Jesús, María y José, que mi alma expire con vosotros en paz. 100 días de indulgencia, Pío VII.
4. Corazón de mi amable Salvador, haz que crezca y arda siempre en mi tu amor. 300 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1876.
5. Dulce corazón de mi Jesús, haz que te ame siempre más y más. 300 días de indulgencia.
6. Invocando los nombres: “Jesús, María y José” 7 años de indulgencia y otras tantas cuarentenas cada vez y plenaria al mes. San Pío X, 1906
7. Señor, consérvanos la fe. 100 días de indulgencia cada vez, San Pío X, 20 de marzo de 1908.
8. Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros tu Reino. 300 días de indulgencia cada vez, San Pío X, 1906.
9. Corazón Eucarístico de Jesús, dulce compañero de nuestro destierro. 200 días de indulgencia cada vez, León XIII, 1899.
10. Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía. 300 días de indulgencia cada vez; plenaria al mes, Pío IX, 1852.
11. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío. 300 días de indulgencia cada vez; plenaria al mes, San Pío X, 1906.
12. María, esperanza nuestra, ten piedad de nosotros. 300 días de indulgencia, San Pío X, 1906
13. Todo por Ti, Corazón Sacratísimo de Jesús. 300 días de indulgencia cada vez; además plenaria los doce sábados que preceden a la fiesta de la Inmaculada Concepción.
14. Repite con frecuencia: “Jesús, Maestro adorable”. 200 días de indulgencia cada vez, León XIII, 1899
15. Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, ruega por nosotros. 300 días de indulgencia, San Pío X, 1905.
16. Corazón de Jesús, encendido por nuestro amor, inflama mi corazón con tu amor. 100 días de indulgencia, León XIII, 1893.
17. Corazón Eucarístico de mi Dios. 200 días de indulgencia cada vez, León XIII, 1899.
18. Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de mi. 100 días de indulgencia cada vez, Pío IX.
19. Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros. 100 días de indulgencia cada vez, Pío IX
20. Invoca con frecuencia los nombres de: “Jesús y María”. 300 días de indulgencia, Pío X, 1904.
21 Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros. Tres veces después de la Santa Misa, siete años de indulgencia. San Pío X, 1904
22. Sea por siempre bendita y alabada la Santa e Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios. 300 días de indulgencia cada vez.
24. Jesús, María y José, que mi alma expire con vosotros en paz. 100 días de indulgencia, Pío VII.
25. Corazón de mi amable Salvador, haz que crezca y arda siempre en mi tu amor. 300 días de indulgencia cada vez, Pío IX, 1876.
26. Dulce corazón de mi Jesús, haz que te ame siempre más y más. 300 días de indulgencia.
27. Jesús, María, os amo, salvad las almas. El mismo Jesús enseñó a Sor M. Consolata Bertrone este acto de amor sencillísimo, prometiéndole que cada Acto de Amor salvaría el alma de un pecador y que repararía mil blasfemias.

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