Este posteo desde nuestro blog MEMORARE, tiene como objetivo explicar que, en el día del juicio no podremos objetar la ignorancia como desconocimiento de La Verdad. Teniendo la posibilidad, física (o material) y mental y NO querer arribar al conocimiento, no hace que la verdad sea menos verdadera (si se me permite la expresión).
Es más profundo este análisis en
teología, pero lo podemos comparar con las leyes de los hombres: el
desconocimiento (voluntario o involuntario), no hace que una ley no deba ser
aplicada a un individuo.
Es de señalar que la bibliografía
del padre Royo Marín (de la que se vale esta redacción), tiene un antes y un
después del CVII y esta puede, en muchos casos, haber sido modificada para la
“comodidad del espíritu conciliar”. Sin embargo, lo que se expresa en este
escrito, es posible constatarlo con la filosofía tomista (Suma Teologica, Parte
II Cuestión 76 “De las causas del pecado en especial: la ignorancia”)
La ignorancia se clasifica
principalmente por su relación con la voluntad y la posibilidad de superarla,
influyendo directamente en la responsabilidad del pecado.
La teología moral divide la
ignorancia en varias categorías. Los dos que considerarán aquí son:
- Ignorancia
Invencible (Inculpable): Es aquella que el sujeto no puede
superar, ya sea porque no sabe que ignora algo, o porque, aun sabiéndolo,
no tiene los medios para salir de ella.
- Efecto: Exime totalmente de pecado ante
Dios, ya que es involuntaria.
- Ignorancia
Vencible (Culpable): Es aquella que podría superarse con
una diligencia razonable pero no se hace. Se subdivide en:
- Simple: Cuando no se ha puesto una
diligencia rápida, pero tampoco hay una negligencia extrema. Reduce la
culpabilidad, pero no la elimina totalmente.
- Crasa (o supina): Resulta de una
negligencia grave o pereza en buscar la verdad que se está obligado a
conocer. Culpable y, a menudo, equiparable al pecado.
- Afectada (o estudiada): La persona evita a
propósito conocer la verdad para pecar con mayor libertad. Es la forma
más grave, ya que la voluntad prefiere la ignorancia para pecar.
La gravedad de una pregunta está
determinada por la gran necesidad que tiene la persona de saber la respuesta.
Las respuestas a preguntas fundamentales (cómo salvar el alma, cómo preservar
la vida) tienen un peso grave.
Los recursos particulares que
tiene una persona incluyen (a) la facilidad con la que puede obtener la
información necesaria para determinar la respuesta (por ejemplo, una persona
con un buen libro de texto sobre el tema puede encontrar la información con
mayor facilidad que una persona que carece de dicho libro de texto) y (b) la
facilidad con la que puede hacer una evaluación precisa de la evidencia una vez
que está en su posesión (por ejemplo, un hombre inteligente puede evaluar la
evidencia con mayor facilidad que un hombre común y corriente). Cuanto más
grave es la cuestión y mayores son los recursos disponibles, más diligencia se
necesita para calificarla como razonable. Cuanto más ligera sea la cuestión y
menores sean los recursos disponibles, menos diligencia se necesitará para
considerarla razonable.
Para finalizar, todo lo señalado conlleva
a demostrar la vital importancia que significa el conocimiento de LA VERDAD. Y
en palabras de NSJC esto es, “Yo, soy el camino, la verdad y la Vida. No se va
al padre sino a través mío” Ergo, y para que quede muy claro este punto tan
modernista: NO TODAS LAS RELIGIONES SON LAS QUE LLEVAN AL HOMBRE A LA FELICIDAD
ETERNA. “Extra ecclesiam, nullas salus” (fuera de la Iglesia Católica, no hay
salvación) es un dogma de fe. Y a un dogma podemos, entenderlo o no desde la razón (como
ejemplo vale el de la Santísima Trinidad, pilar del cristianismo: “Tres
Personas distintas y un solo Dios verdadero”), pero de aceptación absoluta.
Lic. Maria Fernanda Uriburu

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