TERCER DOMINGO
El dolor: cuando la sangre del
niño Salvador fue derramada en su circuncisión.
La alegría: dada con el nombre de Jesús.
Reflexión.- Oh ejecutor
obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José: la sangre preciosísima
que el Redentor Niño derramó en su circuncisión os traspasó el corazón; pero el
nombre de Jesús que entonces se le impuso, os confortó y llenó de alegría.
Oración.- Por este dolor y este gozo alcanzadnos el vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos, con el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los labios.
Padrenuestro, Ave y Gloria.

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