miércoles, octubre 01, 2025

Los Santos Ángeles custodios, 2 de octubre

 

Son tantas y tan grandes y continuas las mercedes y favores que cada uno de nosotros recibe del Ángel particular de su guarda, que es cosa justa y muy debida que le hagamos fiesta particular conforme al espíritu de la santa Iglesia. 

Esta festividad fue instituida por Paulo V en 1608


Es verdad católica y muy recibida entre los sagrados doctores, que todos los hombres, fuera de Cristo nuestro Redentor, desde el punto que nacen, tienen un Ángel custodio dado por Dios para su guarda y defensa. Y dícese que Cristo no le tuvo, porque siendo Dios y Señor de los ángeles, no tenía necesidad de ángel que le guardase, antes era conveniente que todos los ángeles le sirviesen como lo hacían. Pero nosotros por ser tan ignorantes y flacos, y tener tan poderosos enemigos, necesitamos la ayuda de los soberanos espíritus para que nuestras almas, que son inmortales y compañeras de los mismos ángeles, puedan henchir las sillas que dejaron vacías aquellos espíritus rebeldes que de ellas cayeron.

Ellos son los que nos preservaron de mil riesgos para que ya en naciendo, recibiésemos el agua del santo bautismo; ellos nos desviaban muchas veces de los tropiezos cuando íbamos a caer; ellos ponían en nuestro corazón las primeras semillas de virtudes; ellos velaban cuando dormíamos y estaban siempre a nuestro lado para nuestra defensa. Ellos son los que nos ayudan con santas inspiraciones, con amonestaciones saludables, y también con reprensiones y sofrenadas para que nos dejemos conducir enteramente por Dios.

Ellos se alegran con nuestras espirituales ganancias, y se entristecen con nuestras pérdidas: ellos son los que ofrecen nuestras oraciones y buenas obras al Señor: ellos son los que a la hora de la muerte nos libran del dragón infernal que nos querría tragar: ellos son los que acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, son los que las visitan y consuelan en el purgatorio, o las reciben en el paraíso. Todo esto hacen los santos ángeles custodios; por lo cual debemos engrandecer la suma bondad de Dios por haber querido que aquellos tan excelentes, tan sabios y tan gloriosos espíritus sean nuestros tutores, ayudadores y defensores, y también hemos de reconocer y agradecer los beneficios que nos hacen, profesándoles una muy tierna y cordial devoción.

 

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