La bienaventurada María Magdalena,
espejo de penitencia y fervorosísima discípula de Cristo, era hermana de san
Lázaro y de santa Marta. Usando mal de la libertad que tenía por haber muertos
sus padres, y viéndose noble, rica y hermosa, comenzó a darse a los gustos y
deleites del mundo, de manera que tenía a toda la ciudad, en tanto grado, que
la llamaban la pecadora. Dice el Evangelio que el Señor echó de ella siete demonios,
por los cuales entienden algunos santos, los pecados y vicios de que el
Salvador la libró.
La vida de la la discípula amada
del Señor es tan rica en enseñanzas para profundizar, que no se puede compilar
en una sola entrada de este blog. Por lo mismo, lo haremos en varias partes
para que se pueda meditar en la vida de esta santa, cuyo amor a Jesús, la
llevaron a seguirlo en cada prédica, convertirse plenamente a Él y le fueron perdonados
no sólo los pecados, sino también las culpas.
La vida de “la de Magdala” nos
tiene que llenar de esperanzas para confiar en el perdón de tantísimos pecados
que acarreamos. Sabiendo que, si amamos de todo corazón a Jesús, teniendo un
sincero arrepentimiento y “viviendo el resto de nuestras vidas en el desierto”,
alejados del mundo (aun viviendo en él), podremos estar en el libro de la vida.

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