Esta piadosa práctica, otrora muy difundida entre los católicos, es un modo simple, pero espléndido, de manifestar permanentemente nuestra gratitud y amor al Sagrado Corazón, víctima de nuestros pecados. Y de recibir, al mismo tiempo, innumerables beneficios, junto con una protección extraordinaria contra todos los peligros, como veremos.
El Detente o Escudo del Sagrado
Corazón de Jesús —también conocido como salvaguardia, o incluso como pequeño
escapulario del Sagrado Corazón— es un sencillo emblema con la imagen del
Sagrado Corazón y la divisa: ¡Deténte! El Corazón de Jesús está conmigo. ¡Venga
a nosotros el tu reino! Por inspiración Divina, surgió como un pequeño pero
poderoso Escudo que la Divina Providencia colocó a nuestra disposición a fin de
protegernos contra los más diversos peligros que enfrentamos en nuestra vida
cotidiana.
Para ello, basta llevarlo
consigo, no siendo necesario que esté bendecido, pues el bienaventurado Papa
Pío IX extendió su bendición a todos los Detente. El Papa concedió aprobación
definitiva a la devoción del Detente, diciendo: “Voy a bendecir este Corazón, y
quiero que todos aquellos que fueron hechos según este modelo reciban esta
misma bendición”.

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