Un agricultor, decía el célebre padre jesuita Baltazar Álvares, plantó una hermosa y extensa viña. Una granizada devastó sus cosechas. ¡Qué pérdida, podría decirse, qué desgracia! Pero... ¡Oh, milagro!
Las piedras de granizo eran de
oro y piedras preciosas. El agricultor las cosechó todas, con una ganancia
incomparable comparada con la pérdida sufrida por la devastación de la viña.
¡Pues bien! El desprecio, el sufrimiento, la adversidad y las aflicciones que
caen como granizo sobre un alma verdaderamente paciente son de oro. Lo que gana
es infinitamente más valioso que lo que pierde. Almas cristianas, ¡calmemos
nuestros corazones, tan afligidos por la impaciencia! ¡Adoremos en todo los
designios de la Divina Providencia! Si Dios nos quiere en el sufrimiento, en la
contradicción, en la enfermedad, en la amargura… ¡Paciencia! ¡Cuánta
tribulación en la vida! Aceptémoslo todo con resignación, como granizo caído
del Cielo. Granizo que mata nuestra autoestima, destruye la cizaña de nuestro
orgullo, devasta nuestra viña de vanidad, placeres y riquezas, los granizos
dorados que fueron las tribulaciones de la vida, sufridas por amor a Dios.
¡Bendita lluvia dorada!
Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Pensamientos para cada día del año. Imprenta “Ave- Marria”,1936
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A chuva de ouro
Um lavrador, dizia o célebre
jesuíta Pe. Baltazar Álvares, um lavrador plantou bela e extensa vinha. Um
temporal com granizo devastou-lhe as plantações. Que prejuízo, dir-se-á, que
desgraça! Porém… Oh milagre! Os granizos eram de ouro e de pedras preciosas.
Colheu-os todos o lavrador com lucro incomparável em relação ao prejuízo
sofrido com a devastação do vinhedo. Pois bem! São de ouro os desprezos,
sofrimentos, adversidades e aflições que caem, como granizo, sobre uma alma
verdadeiramente paciente. O que ela ganha vale infinitamente mais do que o que
perde. Almas cristãs, vamos acalmar os nossos corações tão perturbados pela
impaciência! Adoremos em tudo os desígnios da Divina Providência! Se nos quiser
Deus no sofrimento, na contradição, na doença, nas amarguras… Paciência! Quanta
tribulação na vida! Aceitemos tudo com resignação, como granizo caído do Céu.
Granizo que mata nosso amor-próprio, destrói a erva daninha de nosso orgulho,
arrasa a nossa vinha da vaidade, de prazeres e riqueza, os granizos de ouro que
foram as tribulações da vida, sofridas por amor de Deus. Bendita chuva de ouro!

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