La prosperidad engendra muchas enfermedades graves. Y no es posible curarlas sin medicinas amargas, sin dieta y, cuando el peligro es inminente, sin cirugía. Un cirujano hábil y sabio debe intervenir. Y es Nuestro Señor, el Divino Cirujano de la Misericordia, Médico y Padre de nuestras almas, quien viene a salvarnos.
Un niño puede llorar, rebelarse,
gritar desesperado cuando, enfermo, necesita una operación dolorosa. ¡No
importa! La operación debe realizarse, y quien llevará a este pequeño ser,
objeto de todo su amor y ternura, a la mesa de operaciones es la misma madre
amorosa.Con el tiempo, el padre, siendo médico, puede verse obligado a realizar
él mismo la dolorosa intervención, amputando un brazo o una pierna de su amado
hijo enfermo, para evitar, por ejemplo, la propagación de una gangrena, que
sería fatal. ¿No es esto doloroso para el delicado y sensible corazón de un
padre? Corta, hiere, con lágrimas en los ojos. Nuestro Señor es el más tierno,
el más delicado y el más amoroso de los padres. La gangrena del pecado,
generada por la prosperidad, el orgullo, la sensualidad y las seducciones del
mundo, amenaza nuestra vida eterna, la salvación de nuestra alma. Y el Padre de
Misericordia quiere salvarnos. ¿Qué hace? Nos envía dolor, tribulación,
sufrimientos crueles. ¿Entienden ahora, almas atribuladas, por qué sufren tanto?
San Agustín le preguntó a Nuestro Señor: Hicure, hic seca…. modo in aeternum
parcas… “Arde, Señor, corta este mundo,
con tal que me perdones la vida eterna.”
¡Divino Cirujano de Misericordia,
haz lo mismo por mí! ¡Sálvame!
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O Divino Cirurgião
A prosperidade gera muitas
enfermidades graves. E não é possível curá-las sem remédio amargo, sem regime,
e, quando o perigo é iminente, sem operação. Há de intervir hábil e sábio
cirurgião. E é Nosso Senhor, o Cirurgião Divino da Misericórdia. Médico e Pai
de nossas almas, quem nos vem salvar. Pode uma criança chorar, revoltar-se,
gritar desesperada, quando, enferma, necessita de uma operação dolorosa. Não
importa! A operação há de ser feita e quem vai levar à mesa operatória esse
entezinho, objeto de todo o seu amor e ternura, é a própria mãe carinhosa.
Eventualmente, o pai, sendo médico, poderá ver-se obrigado a efetuar, ele mesmo
a intervenção dolorosa, a cortar um braço, uma perna do amado doentinho, a fim
de evitar que, por exemplo, se generalize uma gangrena, que seria fatal. Isto
não é doloroso para o coração delicado e sensível de um pai? Corta, fere, com
lágrimas nos olhos. Nosso Senhor é o mais terno, o mais delicado e o mais
amável dos pais. A gangrena do pecado, gerada na prosperidade, no orgulho, na
sensualidade, nas seduções do mundo, ameaça nossa vida eterna, a salvação de
nossa alma. E o Pai de Misericórdia quer salvar-nos. Que faz Ele? Envia-nos a
dor, a tribulação, sofrimentos cruéis. Compreendeis agora, almas atribuladas,
por que sofreis tanto? Santo Agostinho pedia a Nosso Senhor: “Hicure, hic
seca…. modo in aeternum parcas…” “Queima, Senhor, corta neste mundo, contanto
que me poupes na vida eterna”
Divino Cirurgião da Misericórdia,
fazei também assim comigo! Salva-me!
Brandão, Ascânio. Breviário da Confiança: Pensamentos para cada dia do ano. Oficinas Gráficas “Ave-Maria”, 1936

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