jueves, febrero 12, 2026

Meditaciones diarias: El Divino cirujano (Castellano y Portugués), 13 de febrero

La prosperidad engendra muchas enfermedades graves. Y no es posible curarlas sin medicinas amargas, sin dieta y, cuando el peligro es inminente, sin cirugía. Un cirujano hábil y sabio debe intervenir. Y es Nuestro Señor, el Divino Cirujano de la Misericordia, Médico y Padre de nuestras almas, quien viene a salvarnos.

Un niño puede llorar, rebelarse, gritar desesperado cuando, enfermo, necesita una operación dolorosa. ¡No importa! La operación debe realizarse, y quien llevará a este pequeño ser, objeto de todo su amor y ternura, a la mesa de operaciones es la misma madre amorosa.Con el tiempo, el padre, siendo médico, puede verse obligado a realizar él mismo la dolorosa intervención, amputando un brazo o una pierna de su amado hijo enfermo, para evitar, por ejemplo, la propagación de una gangrena, que sería fatal. ¿No es esto doloroso para el delicado y sensible corazón de un padre? Corta, hiere, con lágrimas en los ojos. Nuestro Señor es el más tierno, el más delicado y el más amoroso de los padres. La gangrena del pecado, generada por la prosperidad, el orgullo, la sensualidad y las seducciones del mundo, amenaza nuestra vida eterna, la salvación de nuestra alma. Y el Padre de Misericordia quiere salvarnos. ¿Qué hace? Nos envía dolor, tribulación, sufrimientos crueles. ¿Entienden ahora, almas atribuladas, por qué sufren tanto? San Agustín le preguntó a Nuestro Señor: Hicure, hic seca…. modo in aeternum parcas…  “Arde, Señor, corta este mundo, con tal que me perdones la vida eterna.”

¡Divino Cirujano de Misericordia, haz lo mismo por mí! ¡Sálvame!

 Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Pensamientos para cada día del año. Imprenta “Ave-María”, 1936

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O Divino Cirurgião

A prosperidade gera muitas enfermidades graves. E não é possível curá-las sem remédio amargo, sem regime, e, quando o perigo é iminente, sem operação. Há de intervir hábil e sábio cirurgião. E é Nosso Senhor, o Cirurgião Divino da Misericórdia. Médico e Pai de nossas almas, quem nos vem salvar. Pode uma criança chorar, revoltar-se, gritar desesperada, quando, enferma, necessita de uma operação dolorosa. Não importa! A operação há de ser feita e quem vai levar à mesa operatória esse entezinho, objeto de todo o seu amor e ternura, é a própria mãe carinhosa. Eventualmente, o pai, sendo médico, poderá ver-se obrigado a efetuar, ele mesmo a intervenção dolorosa, a cortar um braço, uma perna do amado doentinho, a fim de evitar que, por exemplo, se generalize uma gangrena, que seria fatal. Isto não é doloroso para o coração delicado e sensível de um pai? Corta, fere, com lágrimas nos olhos. Nosso Senhor é o mais terno, o mais delicado e o mais amável dos pais. A gangrena do pecado, gerada na prosperidade, no orgulho, na sensualidade, nas seduções do mundo, ameaça nossa vida eterna, a salvação de nossa alma. E o Pai de Misericórdia quer salvar-nos. Que faz Ele? Envia-nos a dor, a tribulação, sofrimentos cruéis. Compreendeis agora, almas atribuladas, por que sofreis tanto? Santo Agostinho pedia a Nosso Senhor: “Hicure, hic seca…. modo in aeternum parcas…” “Queima, Senhor, corta neste mundo, contanto que me poupes na vida eterna”

Divino Cirurgião da Misericórdia, fazei também assim comigo! Salva-me!

Brandão, Ascânio. Breviário da Confiança: Pensamentos para cada dia do ano. Oficinas Gráficas “Ave-Maria”, 1936

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