13 de octubre de 1917
"No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido"
Salimos de casa bastante temprano, contando con las demoras del camino. El pueblo estaba en masa. Caía una lluvia torrencial. Mi madre, temiendo que fuese el último día de mi vida, con el corazón partido por la incertidumbre de lo que iba a suceder, quiso acompañarme. Por el camino se sucedían las escenas del mes pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el barro de los caminos impedía a esa gente arrodillarse en la actitud más humilde y suplicante. Llegados a Cova de Iría, junto a la carrasca, transportada por un movimiento interior, pedí al pueblo que cerrase los paraguas para rezar el Rosario. Poco después, vimos el reflejo de la luz y, seguidamente, a Nuestra Señora sobre la encina
—¿Qué es lo
que quiere Vd. de mí?
—Quiero
decirte que hagan aquí una capilla en mi honra; que soy la Señora del Rosario;
que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra va a acabar y los
soldados volverán pronto a sus casas.
—Tenía
muchas cosas que pedirle: si curaba a algunos enfermos y si convertía a algunos
pecadores; etc.
—Unos, sí;
a otros no. Es preciso que se enmienden; que pidan perdón por sus pecados.
Y tomando
un aspecto más triste:
—No ofendan
más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido.
Y abriendo
sus manos, las hizo reflejarse en el sol. Y, mientras se elevaba, continuaba el
reflejo de su propia luz proyectándose en el sol.
He aquí el
motivo por el cual exclamé que mirasen al sol. Mi fin no era llamar la atención
de la gente hacia él, pues ni siquiera me daba cuenta de su presencia. Lo hice
sólo llevada por un movimiento interior que me impulsaba a ello.
Desaparecida
Nuestra Señora en la inmensa lejanía del firmamento, vimos al lado del sol, a
San José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul.
San José con el Niño parecían bendecir al Mundo, con unos gestos que hacían con
la mano en forma de cruz.
Poco
después, desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor y a Nuestra Señora,
que me daba idea de ser Nuestra Se- ñora de los Dolores. Nuestro Señor parecía
bendecir el Mundo de la misma forma que San José.
Al
desvanecerse esta aparición me pareció ver todavía a Nuestra Señora en forma
parecida a Nuestra Señora del Carmen.

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