viernes, octubre 31, 2025

Origen y motivo de la celebración de todos los santos, 1 de noviembre

 ¿Por qué la Iglesia celebra este día de Todos los Santos?


Porque existen muchos Santos que han sido canonizados, pero existen mucho que no están declarados así por la Santa Madre Iglesia y ya gozan de la visión beatífica. Cuando celebramos a todos los Santos, nos referimos a todos aquellos que están en el cielo y a quienes podemos pedir su intercesión. Se reconoce, en este día a todos aquellos que han llevado una vida Santa y que han que se han que han ido al cielo y todos aquellos que, pasando por el purgatorio, han conseguido limpiar sus almas y están en la Patria Celestial y no conocemos.

Las raíces de esta celebración son antiguas: en el siglo IV se empezó con la conmemoración de los mártires, común a varias Iglesias. Los primeros rastros de esta celebración los encontramos en Antioquía, en el domingo después de Pentecostés; san Juan Crisóstomo ya hablaba de ello. Entre los siglos VIII y IX, la fiesta comenzó a difundirse en Europa, y en Roma específicamente en el IX: aquí fue el Papa Gregorio III (731-741) quien eligió la fecha del 1 de noviembre para coincidir con la consagración de una capilla en San Pedro dedicada a las reliquias "de los Santos Apóstoles y de todos los santos mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que descansan en paz en todo el mundo".




jueves, octubre 23, 2025

San Rafael Arcángel, Medicina de Dios, 24 de octubre

Es el arcángel san Rafael, singular protector de los enfermos; como su mismo nombre lo significa, pues Rafael vale lo mismo que Medicina de Dios. Por esta causa todos los fieles deberíamos invocar en nuestras enfermedades su celestial patrocinio.


Los celestiales beneficios que recibió del glorioso arcángel san Rafael, el santo patriarca Tobías, refiérense en el mismo sagrado libro de Tobías por estas palabras: “Entonces Tobías llamó a parte a su hijo, y díjole: ¿Qué podemos dar a este varón santo que te ha acompañado? A lo que, respondiendo a su padre: Padre mío, ¿qué recompensa le daremos? O ¿cómo podremos corresponder dignamente a sus beneficios? Él me ha llevado y traído sano y salvo; él mismo en persona cobró el dinero de Gabelo; él me ha proporcionado esposa, y ahuyentó de ella al demonio, llenando de consuelo a sus padres; asimismo me libró del pez que me iba a tragar; te ha hecho ver a ti la luz del cielo; y hemos sido colmados por medio de él de toda suerte de bienes. ¿Qué podremos, pues, darle que sea proporcionado a tantos favores? Mas yo te pido, padre mío, que le ruegues si por ventura se dignará tomar para sí la mitad de todo lo que hemos traído.”

Con esto padre e hijo le llamaron, y empezaron a rogarle que se dignase aceptar la mitad de todo lo que habían traído. Entonces les dijo él en secreto: Bendecid al Dios del cielo, y glorificadle delante de todos los vivientes, porque ha hecho brillar en vosotros su misericordia. Porque, así como es bueno tener oculto el secreto confiado por el rey, es cosa muy loable el publicar y celebrar las obras de Dios. Buena es la oración acompañada del ayuno; y el dar limosna mucho mejor que los tesoros de oro: porque la limosna libra de la muerte, y es la que purga los pecados y alcanza la misericordia y la vida eterna. Mas los que cometen el pecado y la iniquidad, son enemigos de su propia alma. Por tanto, voy a manifestaros la verdad, y no quiero encubriros más lo que ha estado oculto. Cuando tú orabas con lágrimas, y enterrabas los muertos, y te levantabas de la mesa a medio comer, y escondías de día los cadáveres en tu casa, y los enterrabas de noche, yo presentaba al Señor tus oraciones. Y por lo mismo que eras acepto a Dios, fue necesario que la tentación o la aflicción te probase. Y ahora el Señor me envió a curarte a ti, y a libertar del demonio a Sara, esposa de tu hijo. Porque yo soy el ángel Rafael, uno de los siete espíritus principales que asistimos delante del Señor. Al oír estas palabras, se llenaron de turbación, y temblando cayeron en tierra sobre sus rostros. Pero el ángel les dijo: La paz sea con vosotros, no temáis, pues que mientras he estado yo con vosotros, por voluntad o disposición de Dios he estado: bendecidle, pues, y cantad sus alabanzas. Parecía, a la verdad, que yo comía y bebía con vosotros; mas yo me sustento de un manjar invisible, y de una bebida que no puede ser vista de los hombres. Ya es tiempo de que me vuelva al que me envió: vosotros empero bendecid a Dios, y anunciad todas sus maravillas. Dicho esto, desapareció de su vista, y no pudieron ya verle más. Entonces, postrados entierra sobre sus rostros por espacio de tres horas, estuvieron bendiciendo a Dios; y levantándose de allí, publicaron todas sus maravillas.»



sábado, octubre 18, 2025

San Pedro de Alcántara y su intercesión especial en este día, 19 de octubre

 Dice una tradición franciscana que en el día de San Pedro de Alcántara, el 19 de octubre, el Santo atiende las súplicas de quienes les piden su intercesión en todo lo que se le solicita.




Se le atribuye la capacidad de conceder gracias especialmente a quienes buscan una vida de penitencia, contemplación y devoción a Cristo. Se suele orar para que su ejemplo de Santidad y vida austera sirvan de guía. Se cree que su intercesión ayuda a los fieles a alcanzar la gracia y la plenitud espiritual. Su ejemplo de rectitud y profunda fe inspira a los creyentes a seguir a Cristo con devoción.

Pedro, nacido en Alcántara, Extremadura, de nobles padres, después de distribuir su patrimonio entre los pobres, entró a los 16 años en la orden seráfica de San Francisco, siendo uno de sus reformadores. Llevó el rigor de su vida a tales límites que ni los padres de la Tebaida se pudieron apreciar de ser más austeros que los frailes alcantarinos. San Pedro fue también uno de los grandes consejeros de Santa Teresa de Jesús en su ardua empresa de la reformación del Carmelo.

Grande fue su devoción a la pasión de Cristo y en ella excitó en él, ansias enormes de penitencia. Murió por fin, convertido como estaba su cuerpo, en un manojo de huesos y nervios. Pero al poco de morir pudo decir desde el cielo a Santa Teresa de Jesús: “Oh, feliz Penitencia que me ha valido tanta gloria.” Murió en el año 1562.


lunes, octubre 13, 2025

El Milagro del sol y el relato de un testigo ocular

 

Debía ser la 1:30 p. m. cuando se levantó, en el mismo lugar donde se encontraban los niños, una columna de humo, fina, delgada y azulada, que se extendía hasta unos dos metros por encima de sus cabezas y se evaporaba a esa altura. Este fenómeno, perfectamente visible a simple vista, duró unos segundos. Al no haber registrado cuánto duró, no puedo decir si fue más o menos de un minuto. El humo se disipó bruscamente y, al cabo de un rato, reapareció una segunda y otra vez.

El cielo, que había estado nublado todo el día, se despejó repentinamente; dejó de llover y parecía que el sol estaba a punto de iluminar el paisaje que la mañana invernal había vuelto tan sombrío. Observaba el lugar de las apariciones con una serena, aunque fría, expectativa de que algo sucediera, y con una curiosidad cada vez menor, pues había pasado mucho tiempo sin que nada despertara mi atención. El sol, momentos antes, había atravesado la espesa capa de nubes que lo ocultaba y ahora brillaba con claridad e intensidad.


De repente, oí el alboroto de miles de voces, y vi a toda la multitud dispersa en ese vasto espacio a mis pies... dar la espalda a ese punto donde, hasta entonces, se habían centrado todas sus expectativas, y mirar el sol al otro lado. Me giré también hacia el punto que dominaba su mirada y pude ver el sol, como un disco nítido, con su borde afilado, que brillaba sin perjudicar la vista. No podía confundirse con el sol visto a través de la niebla (no había niebla en ese momento), pues no estaba velado ni opaco. En Fátima, conservaba su luz y calor, y se destacaba nítidamente en el cielo, con un borde afilado, como una gran mesa de juego. Lo más asombroso fue poder contemplar el disco solar durante largo tiempo, brillante de luz y calor, sin lastimar los ojos ni dañar la retina. [Durante este tiempo], el disco solar no permaneció inmóvil, tenía un movimiento vertiginoso, [pero] no como el centelleo de un estrella en todo su esplendor mientras giraba sobre sí misma en un torbellino loco.

Durante el fenómeno solar que acabo de describir, también se observaron cambios de color en la atmósfera. Al mirar al sol, noté que todo se oscurecía. Miré primero los objetos más cercanos y luego amplié la mirada hasta el horizonte. Vi que todo había adquirido un color amatista. Los objetos a mi alrededor, el cielo y la atmósfera, eran del mismo color. Todo, tanto cercano como lejano, había cambiado, adquiriendo el color del damasco amarillo antiguo. La gente parecía tener ictericia y recuerdo una sensación de diversión al verlos tan feos y poco atractivos. Mi propia mano tenía el mismo color.

Entonces, de repente, se oyó un clamor, un grito de angustia que brotó de todo el pueblo. El sol, girando violentamente, pareció desprenderse del firmamento y, rojo sangre, avanzar amenazante sobre la tierra como si quisiera aplastarnos con su enorme y ardiente peso. La sensación en esos momentos fue verdaderamente terrible.

Todos los fenómenos que he descrito fueron observados por mí en un estado mental tranquilo y sereno, sin ninguna perturbación emocional. Corresponde a otros interpretarlos y explicarlos. Finalmente, debo declarar que nunca, antes ni después del 13 de octubre [de 1917], he observado fenómenos atmosféricos o solares similares.

Última aparición de la Virgen en Fátima y el Milagro del Sol, 13 de octubre

 13 de octubre de 1917

"No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido"


Salimos de casa bastante temprano, contando con las demoras del camino. El pueblo estaba en masa. Caía una lluvia torrencial. Mi madre, temiendo que fuese el último día de mi vida, con el corazón partido por la incertidumbre de lo que iba a suceder, quiso acompañarme. Por el camino se sucedían las escenas del mes pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el barro de los caminos impedía a esa gente arrodillarse en la actitud más humilde y suplicante. Llegados a Cova de Iría, junto a la carrasca, transportada por un movimiento interior, pedí al pueblo que cerrase los paraguas para rezar el Rosario. Poco después, vimos el reflejo de la luz y, seguidamente, a Nuestra Señora sobre la encina

—¿Qué es lo que quiere Vd. de mí?

—Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honra; que soy la Señora del Rosario; que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra va a acabar y los soldados volverán pronto a sus casas.

—Tenía muchas cosas que pedirle: si curaba a algunos enfermos y si convertía a algunos pecadores; etc.

—Unos, sí; a otros no. Es preciso que se enmienden; que pidan perdón por sus pecados.

Y tomando un aspecto más triste:

—No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido.

Y abriendo sus manos, las hizo reflejarse en el sol. Y, mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol.

He aquí el motivo por el cual exclamé que mirasen al sol. Mi fin no era llamar la atención de la gente hacia él, pues ni siquiera me daba cuenta de su presencia. Lo hice sólo llevada por un movimiento interior que me impulsaba a ello.

Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa lejanía del firmamento, vimos al lado del sol, a San José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir al Mundo, con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz.

Poco después, desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, que me daba idea de ser Nuestra Se- ñora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir el Mundo de la misma forma que San José.

Al desvanecerse esta aparición me pareció ver todavía a Nuestra Señora en forma parecida a Nuestra Señora del Carmen.

 

 



lunes, octubre 06, 2025

Lepanto, la batalla que ganó el Santo Rosario, 7 de octubre

 



Entre los siglos XIV y XVI la cristiandad se vio amenazada por los turcos del imperio otomano, que dominaban Tierra Santa, Oriente Medio, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y la península. Muchas diócesis desaparecieron y muchos mártires derramaron su sangre. Los musulmanes controlaban el mar mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana, mientras los monarcas de este territorio se mantenían divididos y parecían no darse cuenta.

Esto preocupa al Papa, Pío V, quien convoca el 17 de septiembre de 1569 a los cristianos, para rezar el santo rosario por el problema inminente.

Al fin, en 1571 se ratificó una alianza, y la responsabilidad de defender a Europa y a la cristiandad cayó en manos de Felipe II. Pío V, convencido por el poder del santo rosario, pide a toda la cristiandad que lo rece en particular para entonces, y que ayune, suplicando a la Santísima Virgen su auxilio.

Poco antes del amanecer del 7 de octubre de 1571, la Liga Cristiana encontró a la flota turca anclada en el golfo de Corintio, cerca de Lepanto. Antes del ataque, las tropas cristianas rezaron el Santo rosario con devoción, acompañados de cristianos de todo el mundo que desde sus hogares se unían en el rezo del Santo Rosario, y cuando Don Juan de Austria, héroe del ejército español, dio la señal de batalla, los soldados cayeron de rodillas en oración, hasta aproximarse las flotas.

Los turcos contaban con la flota más grande del mundo, tenían todo a su favor, mientras que las tropas cristianas tenían el viento en contra y veían sus movimientos dificultados por las rocas, pero en la bandera de la nave capitana de la escuadra cristiana, ondeaban la Santa Cruz y el Santo Rosario. Al final del día, Juan de Austria cantó victoria, y el papa Pío V salió de su capilla y anunció eso que se ratificó semanas más tarde: los cristianos lograron una victoria milagrosa que cambió el curso de la historia. Con este triunfo, se reforzó intensamente la devoción al Santo Rosario.

En conmemoración a esto, el Papa Pío V instituyó la fiesta de la Virgen de las Victorias, para el primer domingo de octubre. A las letanías de nuestra señora, añadió “auxilio de los cristianos” y definió la forma tradicional del rosario.

En 1573, el papa Gregorio XIII le cambió el nombre a la fiesta, por el de Nuestra Señora del Rosario. El papa Clemente XI extendió la fiesta del santo rosario a toda la iglesia de Occidente. El papa Benedicto XIII la introdujo en el Breviario romano y Pío X la fijó en 7 de octubre.

La batalla reunió a 211 galeras, seis galeazas cristianas contra 208 galeras, 66 galeotes y fustas otomanas. En suma, cien mil hombres aproximadamente combatieron en cada frente. No en vano, las pérdidas turcas fueron altísimas con 205 galeras hundidas o capturadas, 30.000 bajas y 8.000 prisioneros. La victoria cristiana permitió alejar la nítida amenaza de que los turcos, en confabulación con los moriscos españoles, pudieran asestar un zarpazo sobre la península Ibérica.

Fuente: Tekton

miércoles, octubre 01, 2025

Los Santos Ángeles custodios, 2 de octubre

 

Son tantas y tan grandes y continuas las mercedes y favores que cada uno de nosotros recibe del Ángel particular de su guarda, que es cosa justa y muy debida que le hagamos fiesta particular conforme al espíritu de la santa Iglesia. 

Esta festividad fue instituida por Paulo V en 1608


Es verdad católica y muy recibida entre los sagrados doctores, que todos los hombres, fuera de Cristo nuestro Redentor, desde el punto que nacen, tienen un Ángel custodio dado por Dios para su guarda y defensa. Y dícese que Cristo no le tuvo, porque siendo Dios y Señor de los ángeles, no tenía necesidad de ángel que le guardase, antes era conveniente que todos los ángeles le sirviesen como lo hacían. Pero nosotros por ser tan ignorantes y flacos, y tener tan poderosos enemigos, necesitamos la ayuda de los soberanos espíritus para que nuestras almas, que son inmortales y compañeras de los mismos ángeles, puedan henchir las sillas que dejaron vacías aquellos espíritus rebeldes que de ellas cayeron.

Ellos son los que nos preservaron de mil riesgos para que ya en naciendo, recibiésemos el agua del santo bautismo; ellos nos desviaban muchas veces de los tropiezos cuando íbamos a caer; ellos ponían en nuestro corazón las primeras semillas de virtudes; ellos velaban cuando dormíamos y estaban siempre a nuestro lado para nuestra defensa. Ellos son los que nos ayudan con santas inspiraciones, con amonestaciones saludables, y también con reprensiones y sofrenadas para que nos dejemos conducir enteramente por Dios.

Ellos se alegran con nuestras espirituales ganancias, y se entristecen con nuestras pérdidas: ellos son los que ofrecen nuestras oraciones y buenas obras al Señor: ellos son los que a la hora de la muerte nos libran del dragón infernal que nos querría tragar: ellos son los que acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, son los que las visitan y consuelan en el purgatorio, o las reciben en el paraíso. Todo esto hacen los santos ángeles custodios; por lo cual debemos engrandecer la suma bondad de Dios por haber querido que aquellos tan excelentes, tan sabios y tan gloriosos espíritus sean nuestros tutores, ayudadores y defensores, y también hemos de reconocer y agradecer los beneficios que nos hacen, profesándoles una muy tierna y cordial devoción.

 

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