La impresión de las llagas es el acto
mediante el cual San Francisco de Asís recibió los estigmas de Cristo en 1224.
Dos años antes de morir, San Francisco se retiró al monte Alvernia donde
solía ayunar cuarenta días en honor del Arcángel San Miguel.
Estando en alta contemplación, vio un Serafín con seis alas
resplandecientes. Sus pies y manos estaban clavados en Cruz. Conociendo el
santo, que el Estado de sufrimiento es incompatible con la inmortalidad de un
espíritu seráfico, comprendió que él llegará a ser más semejante a Jesús y que
llevaría su Cruz en pos del mismo, no por un martirio exterior, sino por un
místico abrazo del amor Divino.
Al fin de que este amor crucificado nos sirviese a todos de ejemplo, formáronse
en un costado, manos y pies de San Francisco, cinco llagas parecidas a las de
Jesús en la Cruz. La del costado manaba sangre en abundancia.
¡Oh gran patriarca y gran imitador de Cristo! Haz también que nosotros
seamos desde esta vida, un vivo trasunto de Cristo, que seamos otros cristos y
que para eso crucifiquemos nuestra carne con sus vicios y concupiscencia
sujetándola al espíritu.

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