A la humilde Bernadette, en la gruta de Lourdes, Nuestra Señora le dijo: "Te prometo la felicidad no aquí en la tierra, sino la felicidad del Cielo".
Los ojos inocentes de la Pastora,
que habían contemplado la visión azul nieve de la gruta de Mosabielle, nunca
más podrían quedar encantados por las bellezas de la tierra.
«Después de ver a Nuestra
Señora», decía la santa, «uno sólo desea morir, para volver a verla en el
Cielo».
Ni las imágenes más bellas ni las
celebraciones más brillantes consolaron el corazón de Santa Bernardita. De este
mundo, solo deseaba sufrimiento y Amor. No hemos tenido la fortuna, con estos
ojos mortales, de contemplar, como lo hizo Bernadette, la belleza de María.
Pero ¿no nos enseña la fe que un día la veremos en la Eternidad, en el Cielo?
No nos dejemos seducir por bellezas fugaces. Y que la esperanza del Cielo nos
consuele. ¡En el Cielo, con María! ¡Qué felicidad! Suframos un poco en este
exilio, con resignación. Nuestra Señora vela por nosotros. Y, si amamos e
invocamos con afecto y devoción a una madre tan buena y tierna, ¡oh! Es cierto,
muy cierto, que nos salvaremos. El siervo de María no puede perecer, dice San
Bernardo. Y, en este triste exilio, que nos consuele el pensamiento de que un
día veremos, en el Cielo, a la Madre, Refugio de los pecadores. ¡ En el Cielo!
¡En el Cielo! Con mi Madre estaré ...
Brandão, Ascânio. Breviario de la Confianza: Pensamientos para cada día del año. Imprenta “Ave- Marria”,1936
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Serás Feliz no Céu!
À humilde Bernadete, na gruta de
Lourdes, disse Nossa Senhora:
“Não te prometo felicidade aqui
na terra, mas a felicidade do Céu”
Os olhos inocentes da Pastorinha,
que contemplaram a visão níveo-azul da gruta de Mosabielle, nunca mais se
puderam encantar pelas belezas da terra.
“Depois que se viu Nossa Senhora,
dizia a Santa, só se deseja morrer, para Vê-la de novo no Céu”
Nem as imagens mais belas, nem as
festas mais brilhantes consolavam o coração de Santa Bernadete. Deste mundo,
ela só queria o sofrimento e o Amor. Não tivemos a ventura de, com estes olhos
mortais, contemplar, como Bernadete, a beleza de Maria. Mas a fé não nos ensina
que um dia A veremos na Eternidade, no Céu? Que as belezas caducas não nos
seduzam. E que a esperança do Céu nos conforme. No Céu, com Maria! Que
felicidade! Soframos um pouco neste exílio, com resignação. Nossa Senhora vela
por nós. E, se amarmos e invocarmos com carinho e devoção tão boa e terna mãe,
oh! É certo, bem certo que nos salvaremos. O servo de Maria não pode perecer,
diz São Bernardo. E, neste exílio tão triste, console-nos o pensamento de que
veremos um dia, no Céu, a Mãe, Refúgio dos pecadores. No Céu! No Céu! Com minha
Mãe estarei.

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